Desde el fénix

José Ramón Del Río

Malos ejemplos

EN los libros escolares sobre urbanidad de mi infancia nos prevenían contra dar malos ejemplos. Aquellos textos inefables, en los que el padre corregía a su hijo Juanito, que había arrojado un trozo de pan a un mendigo -"el pan no se tira, se besa y se da en la mano"- no llegaban al dramatismo de los Evangelios, donde al que escandaliza con sus malos ejemplos se le arroja al abismo. Ignoro qué dicen hoy los textos de Educación para la Ciudadanía, pero estoy seguro de que previenen contra los malos ejemplos. Todo esto viene a colación del mal ejemplo que ha dado el juez Garzón, al pretender instruir una "causa general" contra la Guerra Civil. Siguiendo su mal ejemplo, un argelino llamado Jamal Ben Ammar, profesor de Universidad, reclama que regresen a al-Andalus los descendientes de los musulmanes que fueron expulsados de España en el siglo XV. Pero no se conforma con el regreso, sino que, además, exige la identificación y condena retrospectiva de los culpables, la completa investigación legal e histórica de los crímenes de guerra cometidos, la compensación de las víctimas, y que se devuelvan las propiedades que se les confiscaron. Puesto a pedir, pide también la independencia de Ceuta y Melilla y que se entregue un tercio de la recaudación que se obtiene por las entradas a los monumentos islámicos en España al representante legal del Andalus, que es él.

Como se ve, para sucesos muy antiguos se hacen reivindicaciones muy al estilo de hoy. Como profesor que es, sabe, sin duda, quiénes fueron los autores de la expulsión. También debe conocer el pacto de los Reyes Católicos con Boadil, de noviembre de 1491, que permitía a los moros mantener su religión y propiedades, sus propios jueces y sus leyes, a educar a sus hijos en su fe, y hasta se les permitió conservar sus armas. Luego en 1502 se les plantearía el dilema de conversión o expulsión y los no convertidos serían expulsados, en el reinado de Felipe III, entre los años 1609 a 1616.

Esto es historia, pero también es historia que estos árabes, con la compañía de bereberes, invadieron la península en el año 711 y después de vencer Tariq a don Rodrigo en la batalla del Guadalete, ocuparon en sólo tres años lo que hoy es España, a salvo de las regiones montañosas de Asturias y los Pirineos. A la vista de ello, una asociación visigoda, oportunamente creada, podía exigir responsabilidades e indemnizaciones a los invasores de 711. Los bereberes parecen poco solventes, pero los actuales vecinos de la península arabiga, de donde procedían aquellos invasores, tienen bastante petróleo con qué responder. ¿Se acabará alguna vez la manía, tan de moda, de enjuiciar hechos históricos con los criterios de hoy?

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