DE POCO UN TODO

Enrique García-Maíquez

¿Mañana será igual?

SEGÚN se sale de mi lugar de trabajo, que encima es un Instituto de Enseñanza Secundaria, uno se da de frente con un muro con una pintada que pregunta: ¿MAÑANA SERÁ IGUAL? Lleva varios meses allí, difuminándose muy lentamente, pero a mí la impresión de cada mediodía no me la quita nadie. A veces pienso en quién la hizo, y espero que no fuese algún alumno mío, desesperado después de una de mis clases.

Una pregunta tan metafísica como ésta tiene múltiples respuestas. El progresista, que es un hombre muy honesto, muy recto, que no divaga, que es un ser humano íntegro, que sabe muy bien hacia qué dirección va y por qué y para qué hace las cosas, contestará siempre, ufano: "Mañana estaremos mucho mejor que hoy". Y puede ser o no, pero a la gente (al Rey inclusive) le gusta mucho ese discurso chispeante, de defender la alegría y vámonos que nos vamos, como demostraron las elecciones. El liberal, en cambio, afirma: "Mañana será según dicte la ley de la oferta y la demanda, lo que mande el mercado". Y esto, teniendo en cuenta cómo están los mercados, no entusiasma a nadie, naturalmente. El conservador suspira: "¿Igual? Ojalá". El reaccionario zanja: "Mañana será peor". El hedonista, el epicúreo, el partidario del Carpe diem, los jóvenes en general y Don Juan Tenorio en particular mirarán hacia otro lado: "¿Mañana? Qué largo me lo fiáis…". Todos tienen su respuesta, quizá, menos el PP, envuelto en unas brumas galaicas y centristas más interrogantes aún que la propia pintada. Se atisba que Mariano Rajoy está por la labor de cambiarlo todo con tal de no mudarse él, en plan Príncipe de Lampedusa.

Por lo que mí respecta, no debo de ser tan firme en mis convicciones como me creo, porque mis respuestas van por días. La pintada se ha convertido en una especie de examen de conciencia o -si lo prefieren en estos tiempos de laicismo confesional- en un diván de psicoanalista. "¿Mañana será igual?", me pregunta el muro y yo deduzco mi estado de ánimo según la contestación que me salga. Si cruzo los dedos y musito "Dios lo quiera", es que estoy feliz. Si aseguro "Peor", estuve reflexionando. Y si me repito el mantra de "Mañana, seguro mejor; seguro, mejor", será que lo necesito.

En realidad, sólo una cosa es segura: nada. El que espera que el futuro sea idéntico, lo encontrará siempre revolucionario, mientras que los que ansían novedades enormes lo hallarán rutinario, gris, aburrido, tímido, aferrado a las viejas costumbres de ayer. No son ganas suyas de fastidiar. El mañana tiene su pequeño pundonor profesional que consiste, básicamente, en sorprendernos a todos. Y casi nunca falla.

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