Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Manteniendo en pie una apuesta

Aunque los elementos y el infortunio se aliaron contra el Sevilla, desde aquí sigue invariable el pronóstico

BIEN podía haber parafraseado Manolo Jiménez a Felipe II con aquello de no mandé mis naves a combatir con los elementos, sobre todo en el primer tiempo, en ese tiempo en que todo soplaba a favor de los vascos. Pero este Sevilla puede con todo, incluso con esos elementos que se aliaron de forma inmisericorde para poner una tarde infernal que iría contra el calor ambiental y, sobre todo, contra la forma de emplearse de los locales. Era más una tarde en el Bocho que junto a la Gran Plaza lo que parecía y bien que se aprovecharon de ella los vascos mientras pudieron, mientras jugaron esos dichosos elementos.

Impresionante Sevilla el de la primera parte y descomunal el de la continuación. Encomiable equipo que luchaba contra los charcos y fantástico el que levantaba la noche en un alarde de entrega y de compromiso, de fútbol y de raza. No hay otra que darle al Sevilla que lo que el Sevilla, este Sevilla, merece. Otro, con el campo y la noche como estaban, hubiese doblado el espinazo con el afortunado gol de Llorente en el único error que se le recuerda a Palop. Sería otro que no fuese este Sevilla que, por supuesto, ha cambiado sus formas pero dejando indemne su fondo de competitividad, de lucha, entrega y compromiso con la enseña que se defiende.

Decía antier, día de autos, que el Sevilla partía de favorito en esta eliminatoria con Athletic Club porque, entre otras cosas, es mejor que Athletic Club sin ningún género de dudas. Ahora se fía todo para dentro de un mes en la Catedral porque San Mamés ejerció de San Pedro a la hora que más incidencia podía tener la lluvia. Así y todo, si no es por Iraizoz y Kanoute desde los once metros, todo podía haber quedado visto para sentencia. No ha sido así, todo va a resolverse en el Bocho y ya se sabe cómo respira el Bocho cuando olisquea final de Copa. De todas formas, mantengo mi apuesta por los de Jiménez, pues el fútbol, aun con su carga azarosa, tiene lógica.

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