Las empinadas cuestas

amparo / rubiales

María Moliner

DESCUBRIR, en toda su intensidad, la vida de una mujer como María Moliner (1900-1981), autora del Diccionario de uso del español, dos veces más largo, "más de dos veces mejor," según García Márquez, que el de la RAE, conmueve hasta las entrañas, y esta emoción la provoca una obra de teatro escrita por un arquitecto y profesor andaluz, Manuel Calzada, que ha conseguido que su primera obra, El Diccionario, suba a los escenarios. Saber que hay personas como ambos, separadas en el tiempo y con biografías tan diferentes, sirve para recuperar la confianza en el ser humano.

De María Moliner conocemos que hizo un Diccionario monumental anticipándose en casi 30 años a todos los diccionarios españoles (Manuel Seco), pero muy poco de su vida, una "de las más impresionantes y desconocidas que ha dado el siglo XX en España"; ama de casa -a su marido e hijos se lo dedica-, es, además, una intelectual valiente y honesta como pocas, según el autor evidencia; fue bibliotecaria, republicana, represaliada en la dictadura, libre y autónoma; salió de la miseria de su origen, familiar y económico, gracias a su interés por el estudio, porque "era la única igualdad que no puede ser arrebatada".

Con su Diccionario quería revisar todas las definiciones heredadas, para conseguir una mayor claridad del lenguaje; por ejemplo, el "amor" lo define como un "sentimiento experimentado por una persona hacia otra, que se manifiesta en desear su compañía, en alegrarse en lo que es bueno para ella y sufrir con lo que es malo"; fue una mujer que hizo una tarea reservada a los hombres, y éstos la premiaron no haciéndola ni siquiera académica; total, sólo había hecho, en medio de una durísima vida, un diccionario completo, insustituible, de la lengua española.

La invisibilidad cayó sobre ella, como ha ocurrido con tantas otras. Su condición de mujer y republicana, como pasó con Clara Campoamor, y muchas más, hace que tardemos demasiado en conocerlas. Se debe a "la ablación de la menoría histórica", que dice Amelia Valcárcel: "Nuestras vidas se vivieron como si todas esas personas no hubieran existido jamás. No fueron nuestras cuando debían haberlo sido". Igual ha pasado con las 17 rosas de Guillena (Sevilla), que después de su fusilamiento hace 75 años descansan, al fin, en un panteón. Gracias, Manolo Calzada, por haberle hecho justicia escénica a esta extraordinaria mujer.

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