En tránsito

eduardo / jordá

Las Marismas en 1980

CUANDO vi La Isla Mínima -película excelente, por cierto-, me sorprendió una cosa: en un instituto de las Marismas del Guadalquivir, en septiembre de 1980, se ven unas fotos de Franco y Juan Carlos presidiendo el aula. Y lo mismo ocurre en la comisaría que aparece en la película. Y repito: estamos en septiembre de 1980, es decir, dos años después de la aprobación de la actual Constitución.

Siento hacer un reproche a los autores de una película tan buena, pero esas fotos me parecen muy improbables. Yo trabajaba en un instituto, en Mallorca, en el curso 80-81, y no vi jamás una foto de Franco por ninguna parte. Puede ser que los autores de la película hayan querido simbolizar con esas fotos el abandono inmemorial de las Marismas, como queriendo hacer ver que allí el tiempo no había pasado. Pero aun así, debo insistir en que esas fotos eran muy improbables en un centro de enseñanza, por la sencilla razón de que muchos profesores, en aquellos años, eran comunistas o claramente de izquierdas y no las hubieran tolerado. Y puede ser que en alguna comisaría hubiera fotos de Franco en 1980, pero estoy seguro de que no estaban a la vista del público. Y aunque hubiera aún muchos franquistas en la Policía y en el Ejército, esos nostálgicos tenían que disimular y poner cara de que no lo eran. En privado, por supuesto, las cosas eran muy distintas.

Lo digo porque esas fotos de Franco y Juan Carlos en La Isla Mínima pueden llevar a los más jóvenes a hacer una lectura errónea de la Transición, en la línea del discurso catastrofista que pretende equiparar el régimen actual con el franquismo, como si estuvieran a la par en cuanto a represión política, corrupción económica y explotación laboral. Pero eso, siento decirlo, es un disparate. Porque la Transición no fue un apaño vergonzoso entre franquistas corruptos y antifranquistas que muy pronto iban a hacerse también corruptos, sino un proceso político muy complejo en el que intervinieron los mejores recursos de la inteligencia negociadora y de la alta política. Y para saber que la Transición no fue una estafa ni un fracaso ni una capitulación, basta pensar en cómo eran las Marismas en los años que se retratan en La Isla Mínima -o en las maravillosas fotos que hizo allí Atín Aya- y compararlas con las condiciones de vida actuales. Puede ser que la pobreza y el atraso de algunos jornaleros y pescadores sigan siendo sangrantes, pero nadie podrá negar que las cosas han cambiado mucho. Por suerte para todos.

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