La ciudad y los días

Carlos Colón

Mejor viajar que leer

PREDICANDO con el ejemplo la ministra de Igualdad ha dicho: "Seré la mosca cojonera del Gobierno". Es una buena forma de practicar la igualdad según la entiende hoy el PSOE -es decir, igualando por abajo- porque el populismo rosa utiliza estos días dicha expresión refiriéndose a Telma Ortiz. En un programa del cuore Mariñas llegó a establecer un completo listado de moscas cojoneras hispano-belgas, británicas y monegascas que incordiaron a sus reales parentelas tanto como, según él, Telma a la familia real española. No hay que rasgarse las vestiduras. Según la jurisprudencia, mosca cojonera es una expresión maleducada pero no ofensiva. Así quedó establecido cuando, tras un litigio entre los vecinos de un pueblo gallego y el alcalde que los llamó moscas cojoneras, el Supremo dictaminó que la expresión se refiere a "lo que hacen estos parásitos de las caballerías que aposentadas en las superficies menos protegidas por la piel, de forma continua las molestan pero sin causar un daño irreparable a las mismas, expresión esta, carente, sin duda alguna, del buen gusto que debe presidir las relaciones entre personas de educación, pero que en forma alguna, puede perturbar o menoscabar el honor de las personas a las que se dirige". Más puntos a favor de la ministra: ignorar el buen gusto que debe presidir las relaciones entre las personas de educación, además de contribuir a la igualación por abajo, sirve para diferenciarse de esa derecha cuyo reaccionario aprecio por el buen gusto y la educación es conocido. ¡Arriba la Esteban!

Aunque en lo que a la derecha se refiere la ministra parece no tener las ideas claras. En la misma entrevista afirmó que su frase favorita es "la derecha se quita viajando". Hubo un tiempo en que, refiriéndose a la no democrática, se decía que la derecha se quitaba leyendo. Como una parte considerable de la izquierda ha dejado de leer, frecuentar cineclubes, formar compañías teatrales o abrir librerías para apuntarse al progresismo consumista y telecinquero, la ministra ha debido pensar que es mejor confiar en los valores curativos de los viajes que en los de la lectura. Un detalle de sano realismo. Se equivoca, sin embargo, en la elección. Pese a la democratización del turismo la derecha viaja mucho más, y pagándoselo de su bolsillo. Cuando no está en Boston visitando el college de sus hijos está de compras en Nueva York, cazando en Kenia, visitando anticuarios de Londres, oyendo óperas en Salzburgo o tostándose en el Caribe. Y vuelve tan de derechas, si no más, que cuando se fue. ¿O acaso no pasea Aznar su bigote y su melena por medio mundo?

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