Editorial

Metro de otoño

LA nueva consejera de Obras Públicas, Mar Moreno, ha reconocido oficialmente lo que era un secreto a voces: la imposibilidad técnica de inaugurar el Metro el 30 de septiembre, fecha comprometida por su antecesora en el cargo. El nuevo plazo fijado es el otoño, lo que permite un amplio margen de maniobra (hasta el 21 de diciembre, inicio del invierno). Dado que la línea 1 debió inaugurarse el 24 de junio de 2006, el retraso acumulado será de dos años y medio, digno de figurar en el libro Guinness de los récords. Mar Moreno, que debe gestionar la "herencia recibida", dice que en una obra que lleva casi cinco años de ejecución y décadas de debate ya no le preocupa tanto afinar sobre una fecha definitiva como lograr un Metro de calidad. Esta condición, la calidad, como el valor en el servicio militar, se da por supuesta, máxime tras el desfase en tiempo y en millones que acumula el Metropolitano. El problema es que las víctimas de los retrasos seguirán siendo esos ciudadanos que, como bien reconoce la consejera en el Parlamento, sufren un auténtico calvario para acceder cada día a Sevilla o/y para moverse dentro de ella, amén de los comerciantes que escucharon de los labios de la anterior consejera la fecha del 30 de septiembre y que pudieran haber hecho planes de negocio a esa fecha o confiados en el efecto Metro para reflotar establecimientos afectados por el calvario de obras, como ha sido el caso de República Argentina. Obviamente, la nueva consejera apenas si ha hecho más que aterrizar en el cargo, y obra con prudencia al anteponer la seguridad y las verificaciones técnicas al cumplimiento precipitado de una promesa ajena e infundada, pero también es cierto que la demora de la línea 1 es tan exagerada (dos años y medio) que, al rebasar por ende los límites de toda una legislatura, salpica ya a la Junta de Andalucía en pleno y no sólo a una Consejería. Este nuevo incumplimiento pone aún más en solfa el modelo elegido para realizar la línea y la propia credibilidad del Gobierno andaluz, porque si se da una fecha, es para cumplirla, y si no se puede cumplir, mejor que no se dé ninguna. Total, si tras los 33 años transcurridos desde la ley de 1975, en la cuestión del Metro, Sevilla ya está instalada en la cultura de la resignación.

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