La ciudad y los días

Carlos Colón

Miedos

CUANDO me iba a dar un mareo de oír tanta vestidura rasgada por el resultado del referéndum suizo de los minaretes, oí alguna palabra sensata. Las vestiduras rasgadas eran las bobamente correctas, falsamente multiculturales, engañosamente tolerantes e hipócritamente filantrópicas de quienes se escandalizan porque en Suiza se prohíban los minaretes pero exigen que en España se prohíban los crucifijos; las de quienes en nombre del progreso y los derechos humanos niegan la validez universal de los principios humanistas e ilustrados europeos que los hicieron posibles; las de quienes ignoran todo valor al dar el mismo valor a todo; las de quienes se toman a la ligera la difícil tarea de de la integración... Y mientras oía tanto desgarro de vestiduras me preguntaba si los muy imbéciles les harían a los neofascistas y neonazis -crecientes en las redes y unidos en el grupo parlamentario Alianza Europea de los Movimientos Nacionales- el regalo de permitirles que se presenten como los únicos valedores de Europa frente a los problemas de la integración, como el único freno contra la penetración fundamentalista y hasta como los únicos defensores -¡ellos, que intentaron exterminarla desde dentro hace poco más de medio siglo!- de la europeidad ilustrada.

Afortunadamente oí y leí alguna palabra sensata que me tranquilizó. Como las dichas se las lleva el viento y las escritas permanecen, y quiero citar con fidelidad, les propongo como ejemplo de cordura el editorial de El País de ayer sobre el referéndum suizo: "Como expresión de las preocupaciones que suscita el islamismo en Europa tiene una lectura que desborda Suiza y concierne a miedos y expectativas poco formulados. Las relaciones entre Europa y sus al menos 15 millones de musulmanes, más difíciles desde el punto de inflexión que representaron los atentados del 11-S de 2001 [a los que sumo los madrileños y londinenses del 11-M de 2004 y el 7-J de 2005], han ido cobrando complejidad con el aluvión inmigratorio de los últimos años. Ilustran esta fricción episodios tan relevantes como las viñetas de Mahoma en periódicos daneses, el asesinato en Holanda del cineasta Theo van Gogh o el tenso pulso en Francia por el uso del burka o el velo. El islamismo viene conectándose con asuntos de gran calado social, que van desde el extremismo y la libertad de expresión hasta el papel de la mujer. El peligro hoy y ahora es dejar que los cauces de esa legítima inquietud ciudadana sean monopolizados por partidos populistas o de extrema derecha. Su tóxico discurso tiene que ver poco con la integración y mucho con el miedo".

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