Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Morados

LA culminación del juego estaba en ponerle la franja morada a la bandera del príncipe en Barcelona 92, uno de esos instantes de la memoria colectiva recambiados para la ocasión. Las ganas de algunos. Y como un icono de película de terror, daba miedo la sonrisa de Aznar amparado por el escudo de la corona almenada, velando por los escolares. En estos tiempos de trampas virtuales está alcance de cualquiera falsear las apariencias y desde cualquier ordenador cada cual puede construirse un universo a la medida de su fantasía a través de las simulaciones. Viva la república era eso, una verdad de mentirijillas, una historia alterada para complacer las quimeras de muchos que enarbolan la bandera tricolor con transgresión folclórica. A más de un espectador de La Sexta se le hizo la boca agua.

En la Universidad de Cádiz nos quedó claro, gracias al profesor Millán Chivite, que las ucronías, las suposiciones, sólo sirven para perder el tiempo perdido. Como las aguas pasadas, remover el curso de la guerra civil sólo nos lleva a idealismos forzados (y equivocados). Si la guerra la hubiera ganado la democracia (uf, impossible) habría cambiado tanto el mundo de nuestros antepasados que ni usted ni yo estaríamos aquí. El reportaje viajaba desde un pasado posible a un presente paralelo al actual. Si nos lo tomamos como una ficción-juguete, fue un programa entretenido y algo pretencioso. Nada más. La utopía más ingeniosa: que los ingleses nos devolvían Gibraltar.

Mamen Mendizábal viajaba por la cotidianeidad de la España republicana del siglo XXI con humor y efectos especiales. A los aficionados del (Real) Madrid que aparecían sólo tenían que quitarle la corona al escudo. Porque la única franja de morado republicanismo que ha sobrevivido durante todos estos decenios ha sido la del club que siempre ha sido tildado de centralista y franquista.

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