En tránsito

eduardo / jordá

Mr. Shelton

UNA simple coincidencia de fechas -la muerte de Cervantes y Shakespeare un mismo día, el 23 de abril de 1616- hace posible que hoy se celebre el Día del Libro. La verdad es que Cervantes murió un 22 de abril, y Shakespeare diez días más tarde, el tres de mayo, dadas las diferencias del calendario juliano y el calendario gregoriano. El caso es que Cervantes y Shakespeare murieron con muy pocos días de diferencia, aunque es muy posible que ninguno supiera nada del otro.

O sí. Desde luego Cervantes no pudo saber nada de Shakespeare, porque la España de su época estaba cerrada a todo lo que viniera de un país de herejes. Pero Shakespeare sí pudo haber leído la primera parte del Quijote, que apareció en una traducción inglesa en 1612, cuando Shakespeare todavía se dedicaba al teatro (lo abandonó al año siguiente y se retiró a Stafford, nadie sabe por qué razones, hasta que allí murió tres años más tarde). La traducción inglesa -la primera del Quijote fuera de España- fue obra de un tal Thomas Shelton. Cervantes tuvo que tener noticias de esta traducción, aunque es casi seguro que no llegase a cobrar ni un solo maravedí -lo diremos a su manera-, ya que en aquella época el pirateo era una actividad tan habitual como ahora. Ese tal Shelton, del que no sabe mucho -igual que de Shakespeare, igual que de Cervantes-, era un oscuro irlandés que había estudiado en Salamanca. Aparte de eso, sólo se sabe que fue conspirador y espía y que acabó exiliándose en los Países Bajos, donde al final de su vida se hizo fraile franciscano. Su traducción es muy buena -yo he leído algunos capítulos en el volumen de los Harvard Classics que tenía mi padre-, y estoy seguro de que Shakespeare disfrutó mucho leyéndola, si es que llegó a conocer el libro. Y aunque todo sean conjeturas, es muy probable que sí lo leyera, porque hay constancia de una pieza teatral de Shakespeare -o que al menos se atribuyó a Shakespeare- que estaba inspirada en el Cardenio del Quijote.

No sabemos por qué se retiró Shakespeare del teatro tres años antes de morir. Pero algo me dice que haber leído el Quijote, en la versión de Thomas Shelton, le ayudó a tomar su decisión. Quizá intuyó que todos sus Hamlets y Macbeths y Othellos no eran más que grotescos personajes -como los de los libros de caballerías- que sólo podían sorberle el seso a un loco. Quién sabe, sí, quién sabe.

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