cuchillo sin filo

Francisco Correal

Mujer, madre, parada

MARÍA del Carmen Paz está en el paro, vive en la barriada sevillana de Su Eminencia, una zona castigada por el desempleo y la incertidumbre, y es la presidenta de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos del Colegio Altair, donde cursan estudios de sexto de Primaria y de Bachillerato sus dos hijos. Vive estos días la zozobra de no saber qué va a ser del futuro escolar de sus hijos después de que el Tribunal Supremo le haya dado la razón a la Consejería de Educación en su medida de retirarle las ayudas a los centros donde se practique la llamada educación diferenciada, que yo llamaría mejor diferente.

Mujer, madre y parada. El perfil de María del Carmen contraviene los estereotipos que lo políticamente correcto tiende a asociar con los colegios del Opus Dei. Conozco bien ese centro y me consta que entre los padres del alumnado abundan taxistas, camareros, mecánicos, profesionales de clase media baja y personas en paro. Un espectro sociológico que vota a la izquierda y que no cree que ese modelo educativo sea de derechas.

La batalla legal de estos padres choca con un leviatán de prejuicios. Se conculca el derecho a un tipo de educación para sus hijos en virtud de una pragmática derivada de una extrapolación prosaica, apriorística e ideológica de unos criterios de igualdad que en ningún momento se ven vulnerados por ese modelo. Por un simple silogismo en bárbara: también le niega las ayudas a los centros que imparten la enseñanza sólo para el alumnado femenino. Lo normal, en la sociedad actual, es que se tienda a un paulatino igualitarismo, que ha de imponerse siempre por la inercia y el sentido común, nunca por decreto.

Hablan de segregación, palabra muy gruesa que uno asocia con los auténticos casos de exclusión social de tantos alumnos que no han podido beneficiarse de estudiar en el extranjero, privilegio del que sí han disfrutado buena parte de los vástagos de la clase política que ahora estigmatiza el lugar común de los niños y las niñas. Hasta COU siempre di clase con varones, y no encuentro en mi formación nada que implique mutilación o trauma por ello. Empecé a observar un deterioro de la enseñanza en primero de carrera, en aulas hacinadas de la Complutense mayoritariamente ocupadas por féminas en uno de los episodios febriles de afición a estudiar Periodismo.

La Junta está en su derecho de defender un modelo educativo, pero no a costa de desdeñar los demás. Y menos en nombre de un oscurantismo en el que no nos reconocemos y que se suele invocar por parte de quienes fracasaron en la conquista del futuro y ahora se conforman con reconquistar, reinventándolo, el pasado.

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