Calle rioja

francisco Correal

Desde Niza a la calle Betis

Día nacional de Francia. La cónsul de Francia, en su intervención de despedida, había hablado de los atentados de Charlie Hebdo y Bataclan. La noticia de la masacre llegó al final de la fiesta.

LA noticia de la masacre llegó al final de la fiesta. Mina Rouch, marroquí de nacimiento, afincada en Sevilla, era una de las personas que participaban en la celebración del día nacional de Francia en Río Grande. La despedida de Vernonique-Marie Juricic como cónsul general y de Annouchka de Andrade al frente del Instituto Francés. Mina recibió un mensaje por el móvil de su hijo, que le decía que no se preocupara y que se encontraba bien. Fue la primera alarma. El hijo de Mina trabaja en Niza y ese mensaje puso en marcha todas las alarmas.

Interrumpieron la música, los camareros dejaron de servir copas entre la calle Betis y el río Guadalquivir, y una sensación de tristeza y desolación se fue apoderando de todos los presentes. Un macabro guionista quiso añadir un capítulo más del horror y la infamia a las palabras de agradecimiento que la cónsul había dicho en su intervención para expresar su gratitud con los cientos de sevillanos y andaluces que le expresaron su solidaridad tras los atentados del 7 de enero y del 13 de noviembre de 2015 contra el semanario Charlie Hebdo y contra la sala Bataclan y diferentes locales de París. El autor de la matanza añadió el 14 de julio de 2016 a ese calendario de la vileza en una noche igualmente hermosa, con los ecos de La Marsellesa apagándose en el Paseo de los Ingleses de Niza.

La cónsul estaba realmente emocionada al final de su nada protocolario discurso. Me acerqué a ella para desearle lo mejor en su nuevo destino diplomático en el Ministerio de Asuntos exteriores de Francia. Trabajo no le va a faltar, desde luego. Al fondo se veían la Grialda y la torre del Oro, ya iluminadas; algún crucero surcaba las aguas del río, habían empezado a colocar los cimientos de las casetas de la Velá de Santa Ana. Había novillada en la Maestranza, que también estaba iluminada. Yo le comentaba, ajeno a lo que sucedería después, que esta gente quieren destruir nuestro estilo de vida, esa manía que tenemos de compartir una buena conversación, de ir al cine, de disfrutar de un atardecer o salir de paseo con los seres queridos. Les revienta la alegría, la revolucionaria normalidad, la bendita rutina que nos inventamos para hacer más llevadero el paso del tiempo. Les saca de quicio y parece que no piensan descansar hasta que permanezca un reducto de ese estilo de vida con el que por cierto sueñan la mayoría de los que vienen huyendo del terror, la miseria y la impúdica teocracia de falsos paraísos encarnados en infiernos.

Allí quedaron las bromas del cuerpo consular, que forma una piña en la diplomacia de la amistad. Con dos antiguos árbitros de fútbol como José Japón Sevilla y José Ignacio Bidón Vigil de Quiñones que representan en Sevilla los intereses de Japón y de Filipinas. Con Ignacio de Cossío, cónsul de El Salvador, al que alguno comparaba con Mágico González, pero con unas aparatosas muletas era duda para el domingo. Recordaba la exposición que se hizo en el mismo Río Grande de obras pertenecientes a la Casona Tudanca de su tío abuelo José María de Cossío, mecenas de los poetas del 27, de cuyos dominios viajó hasta Sevilla una representación de la Macarena del torero Joselito.

En Río Grande saludé a Lilyanne Drillon, mano derecha de Salvador Távora. Por razones luctuosas, ha aparecido en dos ocasiones el nombre de Juan Bernabé, el dramaturgo de Lebrija que murió en plena juventud creativa. En el teatro que lleva su nombre se rindió homenaje póstumo a Juan Peña El Lebrijano. Acaba de morir José Monleón, que llevó a Bernabé y su obra Oratorio al festival de Nancy, en Francia, con un joven Salvador Távora en el elenco.

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