Editorial

Nuevas medidas contra los fumadores

EL Gobierno ha decidido dar una vuelta de tuerca a la lucha contra el tabaco y sus consecuencias. Apenas cuatro años después de entrar en vigor una ley que, partiendo de la base indubitable de que fumar perjudica gravemente la salud, trataba de proteger a los no fumadores de las consecuencias de la enfermedad de los adictos, la ministra de Sanidad ultima una negociación con los grupos parlamentarios para extender la prohibición de fumar. Cuando se apruebe la nueva legislación, estará prohibido fumar en todos los locales cerrados, bares, cafeterías y otros establecimientos de ocio, independientemente de su tamaño y de la voluntad de sus propietarios y clientes. Trinidad Jiménez se adhiere, pues, a las tesis más rigoristas contra el consumo de tabaco, que pasa a ser una actividad completamente ilegal en todas las circunstancias, salvo en el ámbito privado. Es una opción que ha sido adoptada ya en numerosos países y que se enmarca en la tendencia abolicionista que, nacida en Estados Unidos, triunfa en el mundo desarrollado. Puede resultar excesivo que, junto a la prohibición de fumar cuando de este acto se derivan efectos tóxicos, peligrosos o molestos para otras personas -totalmente legítima y necesaria-, se impida también que quienes voluntariamente quieran perjudicarse fumando cigarrillos, puros o pipas, sin daño para terceros, puedan reunirse con otros compañeros de hábito para practicarlo. Aunque no siempre ha sido aplicada correctamente, la vigente ley permite cierta forma de cohabitación en locales públicos entre fumadores y no fumadores. A partir de la nueva normativa prevista eso será imposible. Lo malo es que aquellos empresarios que, fieles al cumplimiento de la ley, han realizado inversiones para adoptar sus locales a lo prescrito, habilitando zonas para fumadores y zonas para no fumadores, se encuentran ahora, en un plazo de tiempo muy corto, con que el Estado les obliga a perder su dinero sin posibilidades de resarcirse. Si el Gobierno no hubiera cambiado de opinión tan pronto y hubiera asumido desde el principio su voluntad de prohibición total, habría causado menos perjuicios. Todo sería más claro.

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