La tribuna económica

Rogelio Velasco

Nuevos modelos de distribución para la música

COMO ha ocurrido con el resto de contenidos, la música ha pasado de guardarse en formato físico a otros de tipo digital, facilitando su almacenamiento y distribución en distintos soportes. Siempre ha existido la copia de un disco o CD, que realizábamos entre amigos. Era un proceso lento e incómodo. El formato digital permite la copia en segundos y la transferencia a multitud de soportes: móviles, iPods, etc. Esta revolución ha desbordado la capacidad de las discográficas para controlar los derechos de los que son propietarias, dañando seriamente sus ingresos y cuentas de resultados. Un dato simple para hacernos una idea. Los cuatro grandes sellos musicales a nivel internacional venden hoy la mitad que hace diez años.

Pocos sectores podrían sobrevivir con esa historia financiera. ¿Qué razones explican la supervivencia de las grandes discográficas? El mercado de la música se aproxima a lo que técnicamente denominamos mercado en competencia imperfecta, con dos características relevantes. Primero, los productos son escasamente sustitutivos: un disco de Coldplay no es sustituible por otro de Alejandro Sanz; cada grupo o autor son únicos. Y segundo, los márgenes de beneficios y precios de los productos son elevados.

Una razón clave por la que los nuevos canales de distribución han tenido un arrollador éxito entre los usuarios, pirateando las canciones, es el elevado precio de la música. Normalmente, de un CD que contiene 10 títulos y por el que pagamos un precio de 18 euros, nos interesan dos canciones. El hecho de que ninguna gran compañía de música haya desaparecido, es un indicador claro de los elevados márgenes con los que operaban.

Para combatir esta situación, los canales legales de distribución han modificado dos aspectos clave. Han reducido el precio por canción casi un 50%, y, en la mayoría de los casos, dan libertad a los usuarios para que éstos compren sólo las canciones que les interesan.

¿Es suficiente esta mayor libertad de elección de los consumidores para acabar con las descargas no legales de música? Creemos que no. Las discográficas verán cómo sus ventas vuelven a incrementarse, debido al éxito de algunos de los portales que funcionan con los parámetros antes mencionados. Pero la tentación de continuar descargando música sin pagar seguirá siendo irresistible -un fenómeno de mundo de internet que afecta no sólo a la música, sino a todos los contenidos-.

Las discográficas tienen que dar dos pasos decisivos. Primero, hacer entender a sus artistas que los ingresos que obtenían en el mundo analógico han pasado a la historia. Y segundo, si no puedes con tu enemigo, únete a él. Veremos pronto cómo se lanzan portales de distribución de música gratuita donde los usuarios podrán descargarse toda la música que quieran, sin protección y pudiendo transferirla a cualquier dispositivo. ¿Quién pagará los derechos? Los consumidores aficionados a la música cuando compren nuevos dispositivos que sirvan para reproducir música, pero también para navegar por internet, llamar o hacer fotos. Habrá resistencias, pero será la única forma de adaptarse a un mundo digital en donde no hay barreras.

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