La tribuna

Manuel Machuca

¿Y si Obama no gana?

EL tiempo pasa y Barack Obama no consigue despegarse del republicano John Mc Cain en las encuestas de intención de voto. La pasión que despierta el candidato de raza negra en Europa, después de su multitudinario mitin de Berlín, apenas causa impacto en los votantes norteamericanos, y tan sólo un punto los separa en intención de voto.

En España, podemos decir que no es menos el entusiasmo que causa la posibilidad de que un aspirante demócrata y de color pueda llegar a la Casa Blanca. No en vano, hasta nuestro partido conservador apuesta por él, como dejó claro el vicesecretario general de Comunicación del Partido Popular Esteban González Pons, en una entrevista publicada hace unos días.

La mera posibilidad de que un miembro de una minoría racial pueda ser presidente del país más poderoso de la Tierra se ve desde Europa como un signo de esperanza y de evolución. Sin embargo, parece que son otros los hilos que mueven a los votantes norteamericanos que, dicho sea de paso, son los únicos que votan.

Si todos nos hemos apuntado, con mayor o menor escepticismo a Obama, deberíamos tener en cuenta la posibilidad de que éste no ganase. Está claro que el candidato demócrata arrasaría en Europa, en cualquier país de la Unión, pero no es menos diáfano que Europa no es Norteamérica.

A finales del año 2005 tuve la ocasión de realizar una estancia universitaria en Estados Unidos, en la Universidad de Minnesota. Comentando la situación política estadounidense con un profesor de la misma, que se autodeclarada socialista, me dijo algo que me hizo pensar: "Me duele decirlo, pero el mejor candidato para las próximas elecciones es un republicano, y se llama John McCain".

Es obvio que en 2005 nadie en Europa sabía sobre la existencia de Barack Obama, pero no está de más recordar que el candidato demócrata ya era senador por el Estado de Illinois desde 1996.

Para poder explicar la fortaleza de la candidatura del republicano McCain deberíamos reflexionar sobre algunos de los aspectos que mueven a los norteamericanos a la hora de votar y a las características de su sistema democrático.

En primer lugar, y comenzando por el segundo punto, habría que decir que en Estados Unidos, y en el resto de América también, la persona del candidato tiene mucha más fuerza que en Europa, donde los partidos políticos como tales mantienen un peso muy importante a la hora de decidir el voto.

En Europa, y en España o en Andalucía qué decir, el peso del candidato únicamente decanta al pequeño porcentaje de población que cambia su intención de voto. Podríamos decir que el suelo de los principales partidos es muy alto, y que una gran parte de la población difícilmente cambiaría su voto por el de otro partido, y mucho menos por el del contrario.

Sin embargo, en América la persona influye mucho, y su mensaje va mucho más allá de su partido político, que a veces sólo es un mero recaudador de fondos para la candidatura. Y para los norteamericanos, John McCain es un héroe. Un héroe de guerra, que fue torturado y que ahí está. Eso es muy importante para el votante de Estados Unidos, y tiene mucho peso a la hora de inclinar la balanza del voto.

McCain no es Bush, a pesar de que ambos militen en el mismo partido, y bien que lo ha tenido claro en la inteligente campaña electoral que está realizando, alejándose del todavía presidente.

Un héroe, en unos momentos tan difíciles para la economía norteamericana, es de valorar. Si además estamos hablando de un antiguo militar, con los importantes conflictos en los que está inmerso su país, al que ya se le adivina la entrada en una cierta decadencia en su poder, no hay que descartarlo ni mucho menos, como posible vencedor. En épocas difíciles, candidatos con experiencia y con historia, dan más seguridad que jóvenes inexpertos, por mucha ilusión que despierten.

Porque tampoco hay que olvidar que barrió en las primarias de su partido, si bien gran parte del prestigio del candidato demócrata se labró venciendo a toda una aspirante de peso, como era Hillary Clinton.

Juega en contra de McCain su edad, pero creo que es bueno recordar que su candidatura tiene muchos motivos para agradar a los votantes de su país. Para tranquilidad de los europeos, podemos decir que sea cual sea el vencedor, mejorará lo actual, pero debemos tener cuidado con las alabanzas desmedidas al candidato Obama, porque el espíritu de Kennedy, fuera de Europa, ya sólo mueve a los melancólicos.

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