La ciudad y los días

Carlos Colón

'Okupas' del futuro

NO se me iba de la cabeza Sevilla, lo que hicieron con ella en los años 60 y 70 del pasado siglo, lo que están haciendo con ella en estos primeros años del XXI, mientras leía el artículo de Daniel Innerarity La coalición de los vivos (El País, 28-6-08), en el que compara el actual imperialismo temporal que explota el futuro con el antiguo imperialismo espacial que explotaba territorios. "Se ha invertido aquel asombro del que hablaba Kant cuando observaba lo curioso que era que las generaciones anteriores hubieran trabajado penosamente por las ulteriores. Hoy parece más bien lo contrario… (…) Puede estar ocurriendo que los actualmente vivos estemos ejerciendo una influencia sobre el futuro que cabe entender como una rapiña del futuro... Somos okupas del futuro". Para frenarlo propone una "ética del futuro" que, en nombre de la responsabilidad frente a las generaciones venideras, deje de utilizarlo como el "basurero del presente".

Lo que se ha hecho y se hace con Sevilla destruyendo su patrimonio (derribos de los 60 y 70), desfigurando su fisonomía (operaciones de la Alameda, Encarnación o eje Alfalfa-Salvador) o dejando caer tantos barrios en la marginalidad, tiene mucho de dominación de generaciones presentes que dilapidan el patrimonio histórico y cotidiano sin tener en cuenta a las futuras, de rapiña del pasado (destruyéndolo e impidiendo disfrutar de lo hecho por quienes nos precedieron a quienes nos sucederán) y de okupación del futuro con mamarrachos del presente.

Podría pensarse que Innerarity se está refiriendo a cuestiones esenciales para la supervivencia -medio ambiente, economía, política- que sería abusivo aplicar a la ciudad. Pero al hablar de esa ética del futuro que debe conservar lo que "nos ha sido confiado y es frágil" menciona, no sólo la vida o el planeta, sino también la polis. Y la polis es la ciudad y su territorio entendidos como mucho más que la suma de los edificios y de quienes los habitan: una comunidad cohesionada por un pasado compartido que la propia ciudad actualiza como forma de vida. Eso que, refiriéndose a Sevilla, Manuel Chaves Nogales expresó así: "Hay un certero instinto, una misteriosa potencialidad crítica, que, sin ser precisamente el pensamiento, destruye las ficciones y burla todos los artificios demoníacos, conservando a todo trance -aun en el negro trance de la ignorancia- la elevación espiritual de los ciudadanos... Es la ciudad". Eso que George Steiner llamó, refiriéndose a las ciudades europeas, "la pátina del tiempo humanizado", y que a Sevilla le han quitado, le están quitando, le seguirán quitando.

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