Tribuna Económica

gumersindo Ruiz

Oportunidades empresariales del acuerdo con Irán

COINCIDIENDO con los últimos episodios de la crisis griega, se produce el acuerdo entre Rusia, China, Francia, Alemania, Estados Unidos que actúa como impulsor del mismo, e Irán. Es quizás el acontecimiento más importante de la geopolítica internacional de las últimas décadas. En esencia, el acuerdo permite a Irán continuar su programa nuclear, aceptando restricciones, y el levantamiento del embargo para comerciar con el país.

Irán tendrá acceso a unos 100.000 millones de dólares en activos congelados en Estados Unidos y Europa, y la posibilidad de aceptar inversiones de empresas extranjeras, principalmente en la fabricación de automóviles, alimentos y bebidas, telecomunicaciones e infraestructuras públicas y privadas del sector turístico. Para algunas empresas andaluzas que sufren las sanciones de la Unión Europea contra Rusia, se abre un mercado, sobre todo en la alimentación, y también en la obra pública, después de casi una década prácticamente sin inversiones. Sin embargo, esta oportunidad que se dará seguramente en unos seis meses, no debería generar grandes expectativas, pues el país no presenta un entorno adecuado para los negocios después de años de aislamiento. Quizás algunos iraníes en Andalucía, no residentes, que mantienen vínculos e influencia en su país, puedan proporcionar las relaciones que se necesitan ahora.

Un efecto a tener en cuenta es el acceso del petróleo iraní a todos los mercados. Por una parte, esto se da en un momento de precios bajos, y la producción adicional de Irán, entre 500.000 y 600.000 barriles diarios, presionará aún más el precio; pero aun así supondrá unos mayores ingresos y capacidad económica para Irán.

Antes de terminar su mandato a finales de 2016, el presidente Barack Obama quiere quitar tensiones en el mundo con acuerdos políticos como el de Irán y Cuba; y comerciales como los que busca con Asia y Europa. Y también reducir las desigualdades internas en su país, extendiendo la atención sanitaria, revisando el discriminatorio sistema penal y carcelario, y prosiguiendo con la interminable lucha por los derechos civiles. La cuestión de Irán no es tarea fácil, pues tiene en contra al estado de Israel y su influencia en el Congreso y Senado norteamericanos, donde Obama está extrañamente en minoría. Y también países árabes sunies, como Arabia Saudí, secularmente enfrentados a los chíies de Irán, con cuestiones pendientes que afectan a Siria, Líbano, Iraq, y sobre todo el Yemen, donde Irán apoya a gobiernos o fuerzas contrarias a los intereses de Arabia Saudí.

Si Irán y los países árabes vecinos aprovechan la oportunidad para fortalecer sus relaciones económicas, y rebajan sus deseos de influencia política, podría darse una nueva era en que, como ha dicho Anwar Gargash, ministro de asuntos exteriores de los Emiratos, los elementos progresistas de estos países fueran capaces de formar un frente contra el sectarismo y los extremismos. Entonces, la figura de Barack Obama alcanzaría una verdadera dimensión histórica, pese a los mediocres políticos, de la oposición, de su partido, y de otros varios países, con los que le ha tocado convivir.

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