EL día de la huelga en Tussam los sevillanos nos enteramos de que un conductor sin antigüedad cobra, como promedio, 27.186 euros por 1.568 horas de trabajo teórico al año, mientras que un chófer equivalente de una empresa privada que se rige por el convenio provincial del sector trabaja 1.784 horas y percibe menos de 16.000 euros. Asimismo, conocimos que en Tussam hay un absentismo de un 8% que se reduce a la mitad en Feria y Semana Santa (cuando se pueden cobrar horas extras a mansalva) y Navidad (cuando hay que estar de alta para la subida y aplicación de las bases de cotización en la Seguridad Social). También supimos que Tussam debe entregar el calendario laboral con un año de antelación, con lo que ante cualquier contingencia ha de recurrir a contratos temporales y recomponer mediante un programa informático todo el cuadrante de trabajo. Y vimos cómo los chóferes han ido restando minutos a su jornada por cualquier motivo y de cómo tienen hasta una línea propia de autobús para llevarlos hasta las cocheras en el antiguo cuartel de San Fernando, créditos especiales merced al convenio colectivo y otra serie de ventajas. Todo ello ha sido fruto de la debilidad de los gobiernos municipales ante el tradicional aviso de huelga previa a la Feria o a la Semana Santa o durante las mismas fiestas. Los sucesivos alcaldes, para librar a los sevillanos de huelgas, han ido haciendo concesión tras concesión, hasta que Monteseirín -que también las hizo- ha dicho con acierto "¡basta ya!" a la pretensión de que se dé impunidad a los que rompieron las lunas de casi 200 autobuses. Habría sido deseable el pleno respaldo de Zoido al alcalde ante el chantaje al que estaba siendo sometida Sevilla, pero el líder del PP ha querido circunscribir las huelgas sólo a la etapa de Monteseirín -cuando las han sufrido todos los regidores y no sólo el actual- y presentarse como mediador entre el Ayuntamiento y el comité de empresa. No ha reparado Zoido en que no puede poner en el mismo plano al gobierno municipal y a quienes defienden la práctica de la violencia para conseguir sus reivindicaciones laborales. Zoido ha pecado esta vez de exceso de oportunismo.

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