Visto y Oído

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Otegui

AJordi Évole le luce el trabajo como a pocos aunque podría ahorrarse dar coartadas, publicidad y prime times a criminales y a sus cómplices. No vale ni siquiera el argumento de que si no aceptas una entrevista, la competencia lo hará. El que se arrime a Otegui, peor para él. Salvados sólo se jugaba meter la pata, pero a La Sexta le va la marcha de coquetear con las equidistancias, que para eso García Ferreras es mesiánico.

A la opinión pública española no le hace falta escuchar lo que piense o deje de pensar Arnaldo Otegui, aunque, como consuelo infeliz, tal vez era interesante oír sus atropelladas disculpas en forma de justificaciones y circunloquios. O sus errores gramaticales, sus fallos de conjugación de verbos en castellano, que le empeoran aún más su pobre equipaje intelectual. También provocaba asco, más que vergüenza ajena, detalles como que estaba en la playa cuando se anunció el asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuya memoria también lastima el tropel de dirigentes populares corruptos.

No nos hacía falta una entrevista con Otegui, como tampoco aquella al cínico de Rekarte, el asesino que ni siquiera tiene neuronas para honrar la memoria de los inocentes que descuartizó en su momento. Ahora quiere vivir en la costa gaditana como un si fuera un marqués de pasado limpio. Otegui, que se viste como hombre de paz como si se disfrazara de perro dálmata, andará tramando su futuro diplomático en la ONU, como héroe y mártir progresista. Esta aparición estelar para poner cara de marciano no era una inserción gratuita.

Por fortuna Salvados enfoca de manera transparente y nos preparó este domingo un programa que era difícil de salvar por su contenido. Otegui daba para un editado de tres minutos y la audiencia se hubiera ahorrado así un prolongado mamarracho.

Después seguía la charlotada basculando hacia el este. Puigdemont era otro insufrible invitado. Con Ana Pastor. Si no fuera por el desgobierno en Madrid hubiera sido un buen programa de cachondeo.

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