editorial

El PSOE andaluz estalla antes del 25-M

LA crisis interna del PSOE andaluz a un mes y medio de las elecciones autonómicas evidencia que gran parte de sus dirigentes y cuadros intermedios están pensando más en el 26 de marzo: en el día posterior a unos comicios que no sólo los sondeos, sino algunas actuaciones del propio partido del Gobierno parece que ya da por perdidos. O están haciendo todo lo posible para ser derrotados. A la pulsión de cambio que anticipan las encuestas en Andalucía se suma este desmoronamiento interno que demuestra la falta de liderazgo tanto en la comunidad autónoma como a nivel nacional, donde la nueva Ejecutiva no ha sabido anticiparse a una implosión prevista, al menos, desde el jueves pasado. Sólo así se entiende lo sucedido durante el pasado fin de semana con la elaboración de las listas, cuyo caso más grave es el de Sevilla, circunscripción por la que se presenta el propio candidato a la Presidencia de la Junta, José Antonio Griñán. La dimisión del secretario sevillano, José Antonio Viera, por las supuestas presiones de la dirección regional, abre serias dudas sobre si quienes aprobaron la lista son, realmente, competentes o si es una gestora nombrada por la dirección federal la que debe hacerse cargo de un territorio por donde se presenta el presidente de la Junta. La dirección del PSOE andaluz ha ido encadenando un error tras otro; ha perdido dos elecciones, y no ha sabido conciliar con los grupos críticos de las distintas provincias, bien porque lo ha confiado todo a un ordeno y mando o por simple inoperancia. Después de lo sucedido en el 38º Congreso Federal del PSOE, donde perdió la candidata por la que apostó la dirección regional, no ha sido posible la reconciliación. Todo lo contrario. Los rubalcabistas más destacados fueron relegados en las provincias donde eran minoritarios, y allí donde eran mayoría, como en Cádiz, no han dejado entrar, finalmente, a ninguno de quienes eran apoyados por la dirección regional. Un fin de semana de auténtico desastre para el PSOE y un lujo que, desde luego, no podía permitirse.

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