la tribuna

Eduardo Moyano Estrada

El PSOE y las elecciones primarias

EN el debate precongresual del PSOE, las elecciones primarias se han convertido en un tema estrella en el que parecen coincidir, aunque con matices, los dos candidatos a la Secretaría General. Por cierto, el proceso de elección del secretario general no se está haciendo por primarias con participación directa de los afiliados, sino que son los delegados provinciales los que lo elegirán en el congreso de este fin de semana. La novedad respecto a otras ocasiones consiste simplemente en que Rubalcaba y Chacón están recorriendo las distintas agrupaciones para recabar el apoyo de esos delegados, lo que hace que el proceso sea más visible ante la opinión pública (y al mismo tiempo más confuso).

Cuando los dos candidatos coinciden en que propondrán un sistema de primarias, se refieren a la designación del candidato a las elecciones de 2015. El problema es que este tema de las primarias se ha debatido muy poco, y se ha dado por bueno sin apenas discusión. Las primarias se convierten, así, en una especie de panacea que, siguiendo la estela francesa, arreglaría los males del socialismo español tras la debacle electoral del 20-N.

El tema es más complejo de lo que parece y merece algunas reflexiones. En primer lugar, habría que aclarar de qué se está hablando cuando se habla de primarias. Unas elecciones primarias es abrir el proceso de elección de los máximos dirigentes en un partido político a un conjunto amplio de electores, y eso es lo que parecen proponer tanto Chacón como Rubalcaba. Sin embargo, no está tan clara la posición que mantienen sobre si limitar su extensión al conjunto de afiliados o ampliarlas al conjunto de simpatizantes. Este asunto tiene consecuencias importantes para el modelo de funcionamiento del PSOE, y por eso habría merecido algo más de reflexión.

Mi opinión es que introducir un sistema de elecciones primarias debería ser el resultado de un cambio previo en el modelo de partido. Sin ese cambio, me temo que las primarias no contribuirán a incrementar la democracia interna del Partido Socialista ni servirán para abrirlo a la sociedad. El PSOE tiene la triste experiencia de unas elecciones primarias que, por no modificar previamente la estructura del partido, condujeron a una bicefalia dañina, con efectos demoledores tanto para el vencedor (Borrell) como para el perdedor y secretario general (Almunia). En función de hasta dónde se quiere llegar en la reforma del partido, se iría a un modelo de primarias limitado a los afiliados (si sólo se pretende aumentar la democracia interna) o ampliado a los simpatizantes (si se quiere además abrir las puertas del partido a la sociedad).

En segundo lugar, y dado que se pone como ejemplo el caso francés, es importante tener en cuenta que en el Partido Socialista Francés lo que se ha elegido mediante primarias no es al secretario general del partido, sino al candidato a la Presidencia de la República (de hecho, la secretaria general, Martine Aubry, se presentó y perdió frente a Hollande). También habría que tener en cuenta que, en Francia, la más alta magistratura del Estado (donde converge en la misma persona la figura de presidente de la República y del jefe de Gobierno) se elige por elección directa de todos los ciudadanos en elecciones separadas de las legislativas. En España, sin embargo, el presidente del Gobierno no lo elige directamente el electorado, sino el Parlamento en función del juego de las mayorías entre los diputados elegidos en circunscripciones provinciales. Me parece una ligereza, por tanto, copiar el modelo francés de primarias (donde votan no sólo los afiliados, sino también los simpatizantes) sin analizar previamente sus efectos en un partido que desarrolla su actividad política en un sistema electoral diferente como el español. En este sentido, creo que ampliar las primarias a los simpatizantes tendría sentido si se extendiera ese método a las provincias para designar a los correspondientes cabezas de lista en las elecciones legislativas e incluso a los municipios para designar a los candidatos a alcaldes. En todo caso, ello implicaría un cambio radical, de arriba abajo, en el modelo de funcionamiento del PSOE, dando paso además a que se les reconozca algún tipo de estatus a los simpatizantes y se les dé la oportunidad de tener voz en la vida diaria del partido, y no sólo cada cuatro años.

En tercer lugar, el PSOE debería aclarar qué es lo que realmente quiere elegir mediante primarias: si al secretario general, si al candidato o a ambos. En mi opinión, si las primarias se limitan a los afiliados, quien gane debe ocupar la Secretaría General del partido y ser también el cabeza de lista para optar a ser elegido presidente de Gobierno, ya que si no, el riesgo de bicefalia es muy elevado. Otra cosa distinta es si se opta por ampliar las primarias al conjunto de simpatizantes. En ese caso, sí podría tener sentido que los afiliados elijan, por un lado, al secretario general (como hasta ahora), para luego, junto a los simpatizantes, elegir al candidato mediante primarias. Pero para ello habría que reformar previamente el modelo de partido para que queden acotadas las funciones del secretario general (hoy omnímodas), se delimite el papel del candidato a las elecciones y se redefina el estatuto del afiliado y del simpatizante. En definitiva, hablar de primarias antes que hablar de cambios en el modelo de partido es empezar la casa por el tejado.

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