La esquina

josé / aguilar

Pablo maneja las primarias

POR mucho y continuado esfuerzo que ponga Pablo Iglesias en moderar el mensaje de Podemos y ubicarse en el centroizquierda no rupturista, a la menor oportunidad canta la gallina. La gallina autoritaria con la que funciona este partido y que hace temer por la sinceridad de sus convicciones democráticas y por la autenticidad de su oferta de rechazo de la denostada vieja política.

Ya hemos visto el trato que les dieron a los pobres compañeros de Izquierda Unida, hartos de llamar a las puertas de Podemos para sumarse, sin condiciones ni exigencias, a candidaturas conjuntas de unidad popular, y conminados a renunciar a sus siglas y cobijarse de cagalástima en las filas podemitas. Pronto veremos lo que Pablo impondrá a sus propios militantes que discrepan de su liderazgo: un papel irremediablemente subalterno y la sumisión al jefe indiscutible. Como cualquier partido de la casta.

Lo hará, claro está, presumiendo de dar el poder de decisión a las bases y abrir al máximo la participación de afiliados y simpatizantes. Organiza unas primarias con truco, mediante un sistema que obliga a los aspirantes a la lista para el Congreso a rellenar los 350 puestos de una circunscripción única y poniéndose él mismo, Errejón y otros compadres a la cabeza de la candidatura oficialista. Con su carisma y presencia conseguirá arrastrar la mayoría de los votos y reducirá a la casi nada a las minorías disidentes (como la que encabeza Teresa Rodríguez en Andalucía). Ya lo puso en práctica en la asamblea constituyente de Podemos. Unas primarias-paripé, más atentas a cubrir las formas que a una democratización real del proceso electivo de los candidatos a diputados.

Esto es incoherente con la pretensión de representar una nueva democracia, y perfectamente congruente con una concepción leninista del partido. Al autoerigirse en vanguardia del cambio, la única verdad política reside en ellos y sólo sus planteamientos deben imponerse como correctos. Hay que desconfiar -y en la medida de lo posible desactivar- no sólo de los miembros de otros partidos de la izquierda (IU), sino de aquellos militantes de Podemos que disientan del líder supremo. Valen para sumarse sin rechistar al proyecto, pero como peones de segunda categoría.

Si Pablo, que aún no es ni diputado, se porta así con los compañeros de viaje y con los propios camaradas no sumisos, ¿qué planea para el inmenso resto de ciudadanos si algún día llega a gobernarlos?

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