La esquina

josé / aguilar

Pacheco, en su triste final

LA brillante y prolongada carrera política de Pedro Pacheco, ex alcalde de Jerez -de la hornada juvenil y rompedora de 1979- se acerca a un triste final. Éste es el panorama: concejal en la oposición, líder de un pequeño partido local tras haber colaborado notablemente al suicidio del Partido Andalucista y sentado en el banquillo de los acusados haciendo frente a una petición de condena de 18 años de prisión.

Prevaricación, malversación y falsedad documental son los delitos que la Fiscalía Anticorrupción atribuye a Pacheco, tres delitos clásicos de los escándalos de corrupción cometidos por cargos públicos. En este caso, por la contratación supuestamente irregular como asesores de dos de los más devotos compañeros de viaje en sus numerosas aventuras políticas, José López y Manuel Cobacho.

En el origen de este nuevo caso Pacheco hay una venganza, ese potente motor de las relaciones políticas, y de las relaciones humanas en general. Una vez mermado su poder ya para siempre, El Enorme tuvo que gobernar el Ayuntamiento jerezano entre 2005 y 2007 en alianza con la socialista Pilar Sánchez, siendo ella la alcaldesa, como jefa de la minoría mayoritaria. Fue como mezclar agua y aceite. El pacto acabó como el rosario de la aurora, con destitución de Pacheco y denuncias y descalificaciones mutuas, y Sánchez recordó entonces con celeridad que su ex socio había contratado irregularmente a sus dos colaboradores y amigos.

Ocurría que el cupo de asesores que socialistas y andalucistas habían negociado se cubrió pronto -en esta materia los partidos actúan con criterios extremadamente generosos- y Pedro Pacheco contrató a Cobacho y López como asesores en las empresas municipales que controlaba, sin atenerse a expediente alguno, sin que hubiera publicidad y concurrencia y sin aprobarlo en sus consejos de administración. Ambos percibieron 200.000 euros en los dos años de cogobierno. Los técnicos de estas empresas que han testificado han arrojado la impresión de que no iban mucho por las oficinas de las compañías contratantes, y el propio Pacheco ha declarado que eran asesores políticos personales.

Estas desviaciones de fondos públicos en beneficio de compañeros de partido son práctica habitual en muchos ayuntamientos y en todas las diputaciones. Pero los favorecidos suelen acudir a sus puestos de trabajo y visten el muñeco. Disimulan.

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