Crónica personal

Pilar Cernuda

Pactos Zurbano

LAS negociaciones en busca de pactos sobre economía se celebran en el Palacio Zurbano, propiedad del Ministerio de Fomento, pero si se analiza lo que han dicho los miembros del Gobierno y los miembros del PP al finalizar la reunión, pareciera que unos estuvieran en el famoso palacete -lo será a partir de hoy- y otros en ciudad lejana, catalana, andaluza o cualquiera situada a muchos kilómetros.

La vicepresidenta económica salió contando que el encuentro había sido positivo y que la semana que viene se concretarán los asuntos que deben ser analizados por los partidos, a través de comisiones bilaterales y esas cosas. Los del PP por su parte dijeron que se sentían "perplejos" por cómo se había desarrollado el primer encuentro y sobre todo por cómo se había planteado, en torno a un documento que les llegó apenas doce horas antes de la cita, y en donde no se veían por ninguna parte las propuestas del Gobierno, sino un índice de cuestiones a tratar. Los portavoces de las minorías por su parte, pues ni una cosa ni otra, son conscientes de que lo que importa es si socialistas y populares se ponen de acuerdo. Y eso sí, algunos de los asistentes afirman que se aburrieron soberanamente, que la reunión fue tediosa de solemnidad, porque cada asistente soltó lo que traía preparado y punto en boca: que tomara la palabra el siguiente.

A ratos da la impresión de que ni el Gobierno ni el PP tienen el menor interés en que las negociaciones salgan bien y otros en cambio parece que sí, que los dos pretenden llegar a algún tipo de acuerdo en un par de cuestiones, no más, las justas para salvar la cara. Ahora, eso de enviar un documento con el índice de las cuestiones a tratar y sólo el índice, y enviarlo además a última hora del día anterior a una reunión que comienza a las nueve de la mañana, tampoco parece la mejor manera de iniciar unas negociaciones que se quieren llevar a buen puerto. O mucho nos equivocamos o estamos ante una estrategia de desgaste: el Gobierno quiere irritar al PP con esa desconsideración para presentarlo como el malo de la película si no hay acuerdo posible, y el PP quiere colocar al PSOE ante sus contradicciones. Tarea fácil, por otra parte, el mismo día de las negociaciones el Gobierno se veía obligado a dar marcha atrás, otra vez, en una de sus propuestas, presentada además a bombo y platillo: la congelación o bajada de salarios de los funcionarios. Cuando conoció la noticia entró a rebato la vicepresidenta política, que fue la que firmó el acuerdo con los sindicatos a principios de otoño. Resultado: de lo dicho por Campa, el brazo derecho de Salgado, nada de nada, se cumplirá lo acordado por Fernández de la Vega, que debe estar harta del ninguneo al que le someten en los últimos tiempos.

¿Cómo se puede plantear una negociación de política económica cuando ni siquiera hay unanimidad de criterio en el Gobierno?

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