El tránsito

Eduardo Jordá

País de esperanzas y sueños

UN amigo poeta me envía una canción de Bruce Springsteen para la jornada de reflexión. "La canción se llama País de esperanzas y sueños y es la mejor reflexión que conozco", me dice mi amigo. Y yo pongo la canción, que no conocía -ando muy despistado en novedades musicales-, y en dos segundos noto que se me corta la respiración y que vuelvo a tener veinte años. Ahí está Springsteen dando lo mejor de sí mismo en un concierto. "Este tren lleva santos y pecadores, ganadores y perdedores, putas y fulleros, locos y sabios. Este tren lleva la promesa de que los sueños se cumplirán y la fe será recompensada", grita Bruce Springsteen. Y poco a poco reconozco la voz de Woody Guthrie tras esos versos, porque Springsteen canta lo mismo que cantaba Woody Guthrie en el techo de los trenes de mercancías, junto a los vagabundos y a los desahuciados que lo habían perdido todo en los años duros de la Gran Depresión.

Y en seguida pienso que nos hace falta esa misma energía que tiene Bruce Springsteen aullando en un escenario, pero no para odiar a nuestros adversarios políticos y temerlos y despreciarlos -como hacemos ahora-, sino para encontrar el coraje suficiente para decidir que todos vamos en el mismo tren, el tren de los ganadores y de los perdedores, de los sabios y los locos, de las putas y de los fulleros, este tren, "this train, this train".

Sería bueno que viviéramos en un país en el que la gente pudiera tener esperanzas y sueños, un país de concordia y de armonía, un país que no se cuestione cada dos minutos qué es ni qué debe ser porque ya es todo lo que ha sido y todo lo que no quiere volver a ser. Un país de putas y santos, de locos y de sabios, de ganadores y perdedores. Ya sé que votamos pensando en la credibilidad que nos inspiran los candidatos, o quizá ni siquiera eso, sino tan sólo por el temor y el recelo que guían nuestras decisiones, pero estaría bien que pensáramos alguna vez en la esperanza y en los sueños. América, la América de Bruce Springsteen y de Abraham Lincoln y de Woody Guthrie, se fundó sobre estas quimeras y sobre estas esperanzas. "This train", canta Bruce Springsteen, "this train".

Ya es hora de que nos demos cuenta de que no somos un asilo geriátrico protegido por vallas electrificadas, sino un país hecho para la gente que tenga esperanzas y sueños, para los ganadores y perdedores, para los que no saben lo que buscan y para los que ya creen haber encontrado todo lo que necesitaban, sin saber que nadie ha encontrado nunca todo lo que necesita. Más que una boutique, más que un parque temático, más que un teatrillo de títeres de cachiporra, necesitamos un país donde sea posible creer en algo, soñar con algo, ilusionarse con algo. "Este tren, este tren".

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