Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Pan para hoy...

LOS pueblos con memoria de subdesarrollo son agradecidos con el progreso económico, pero esa memoria no existe entre los nacidos en tiempo de bonanza. Es difícil imaginar una convergencia real de Andalucía con otras regiones de España sin la sustitución del actual modelo de rentabilidad política por otro orientado hacia las demandas de la población urbana mejor instruida, refractaria a la propaganda triunfalista.

Al presidente Chaves le quedan dos alternativas en cuatro años más de Gobierno. Una, prolongar la tónica de la última legislatura, en la que se ha desacelerado la urgencia de la modernización, y seguir sujeto al limitado margen de respuesta de su partido, esclerotizado y con escasos resortes de inteligencia creativa. Dos, recabar, como ya hiciera durante los mandatos de Aznar, la concurrencia de ciertos sectores de la sociedad civil, con mayor presencia de los jóvenes, para construir argumentos capaces de disolver la tendencia de su organización al apoltronamiento vitalicio y la muerte vegetativa.

Después de unas elecciones ganadas por mayoría absoluta, no es extraño que los capataces proclamen que el electorado les ha dado la razón y que no era tan necesario un discurso que conectase con la cultura urbana y el sentir de las nuevas generaciones. Se repetirá el clásico "los experimentos, con gaseosa" con el que se conjuran quienes ya tienen poco que experimentar.

El presidente Chaves goza de un indiscutible prestigio en el conjunto de España. Los cambios registrados en la comunidad autónoma, si bien no la alejan de la parte baja de la tabla, son reconocidos incluso por quienes parecían condenarla al atraso cultural y económico. Sin embargo, la excepcional duración da a la Presidencia un carácter de proyecto personal, por lo que sus últimos años van a ser determinantes en la calificación final del período. En el pasado, Chaves supo detectar carencias y retardos culturales; al tiempo, movilizó a la opinión pública en procesos de innovación que, más tarde, se esfumaron y enmascararon con una propaganda que sitúa a Andalucía en el paraíso de las ficciones voluntaristas.

Cuando el ala conservadora obstaculiza las reformas, niega el paso a los jóvenes y aplaza las soluciones de oxigenación ideológica, descalifica y espanta a los más capaces, a todos aquellos que entienden que la razón política está en el orden pragmático de las ideas. Ahora, por ejemplo, se habla del nombramiento del director de la RTVA como un problema parlamentario, no tanto como el reto de encontrar la persona que conecte la primera factoría cultural de Andalucía con la modernidad. Pero en la cuestión de Canal Sur, ya se sabe, le habrían tapado la boca al mismo McLuhan con unas cifras de audiencia, que son, como las de la cierto perfil electoral, "pan para hoy y gaseosa para mañana…".

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