La ciudad y los días

carlos / colón

La Pantoja y otros escraches

LO de Isabel Pantoja se llama intento de linchamiento. Las imágenes tienen el aire de los ajusticiamientos de los dictadores y sus familias en las repúblicas bananeras o comunistas, o de las lapidaciones en los países fundamentalistas. Torpeza de los responsables de los juzgados y de la Policía. Malas maneras de periodistas degradados a paparazzi metiendo micrófonos y cámaras para obtener imágenes que tenían un gran valor en el mercado de la información sensacionalista, pero ninguno en el de la información seria. La noticia relevante era el veredicto. Las imágenes de la Pantoja arrollada por la bulla vocinglera que los periodistas agravaron eran tan suculentas desde el punto de vista del mercado rosa-negro como negativas desde el del periodismo serio. Lo que no obstó para que todos los periódicos la reprodujeran en portada. ¿Quién podría resistirse? ¿Quién querría quedarse atrás? Era la imagen del día: agresión, insultos, tirones de pelo, desmayo y -en el caso de las televisiones- cuerpo desmadejado tirado en el asiento trasero del coche con las bragas a la vista.

Siendo preocupante lo de los informadores -¿hemos adquirido los peores vicios del periodismo americano sin aprender de sus virtudes?- lo peor fue lo de la chusma, la plebe, la jauría humana que insultaba, empujaba, agredía y tiraba de los pelos. ¿Qué puñetas hacían allí? ¿Qué frustraciones, rencores y odios desahogaba esa gentuza gritando, insultando e intentado agredir físicamente a la folclórica? ¿Qué está pasando en este país? Porque lo de la Pantoja, el espanto de esas tricotosas -las mujeres que se sentaban a hacer punto al pie de la guillotina para presenciar las ejecuciones durante la Revolución Francesa- ávidas de humillar a la cantante, es, como un colega ha escrito, un escrache rosa.

No siendo lo mismo se parece peligrosamente lo de apelotonarse en la puerta del juzgado como si la justicia real se ejerciera fuera y no dentro de él, y lo de acosar a los diputados en sus domicilios particulares o en sus vidas privadas para forzarles a cambiar su voto. Cuidado. La instituciones y la sociedad civil responsable están dejando un espacio vacío que está siendo ocupado por la agitación (nada que ver con el legítimo derecho a la manifestación) inducida por la demagogia circense de los medios (Pantoja) y las redes sociales (escrache). No un político del PP, sino Rosa Díez, ha comparado los escraches con la kale borroka. No le falta razón.

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