Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Papúas

FRÍO ártico, a horas intempestivas. A media tarde, por la madrugada, a primera hora. Los pingüinos papúas, ahí, aguantan el equilibrio entre berrocales y hielos, en un plano sosegado que aparta al espectador al fin del mundo, desconectado así de la actualidad, de los sofocos. Refugiarse, o enrocarse, en un documental de La 2 en estos tiempos tan acelerados, donde un minuto sin conexión a internet parece que nos deja naufragando, es una decisión insólita. Los pingüinos papúas han sido los últimos protagonistas de ese mundo movido a manivela de los reportajes de naturaleza, poblados por leones con moscas o gorilas perezosos entre hojas.

Es uno de esos documentales que durante tanto tiempo todo el mundo decía ver y que, reconozcamos ya, ahora nadie ve. Uno de esos documentales que, vale, serán instructivos, pero que caen en la rutina como esa escena habitual en la que una hembra pierde a unas de sus crías, en este caso un inerte polluelo, con la música sensiblera para enternecernos. Uno parece que siempre está viendo el mismo documental: una vez aparecen monos, en otras guepardos, pero todo con una misma narrativa, todo con una estructura previsible y bostezable.

Los papúas forman una pandilla de patosos, pero se convierten en implacables torpedos, revolucionan sus cualidades, cuando se zambullen. Igual les pasa a los documentales: cansinos y tediosos en la programación de una cadena en abierto; tan sorprendentes y apetecibles cuando la promoción corre a cargo de un canal especializado de pago.

Y la calma pingüina se debería imponer. En Canal Sur andan los ánimos internos caldeados con el plante del PP y sus comentarios discutibles. Palabras de políticos, dirigidas a los rectores de la RTVA. Los que deben asumir el juego. La plantilla ya tiene bastante con su trabajo diario y las incertidumbres.

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