Tribuna económica

Rafael / Periáñez

Parados y descolocados

EL mayor drama que acarrea una economía en recesión es el de las personas que se quedan sin empleo y sin poder llevar a su familia lo necesario para atender con dignidad sus necesidades diarias. Se hace más duro cuando se asume que quizás se haya vivido una situación ficticia de prosperidad sin haber previsto que ese estado de cosas podría terminarse alguna vez. Al fin y al cabo nadie cree que sea ficticio lo que experimenta en sus carnes a diario. Sea malo o bueno lo que se esté viviendo, el cuerpo acaba por acostumbrarse a todo. Proyectamos el futuro con los datos del presente, y ante la bonanza se instala el optimismo del mismo modo que ante la tragedia el pesimismo… somos así.

El desempleo no sólo representa una difícil situación en lo personal y familiar. Cuando crece a los ritmos que dicen las cifras, existe también el riesgo de generar consecuencias sociales cercanas a la segregación o a la polarización laboral entre los que gozan de empleo y estabilidad y los que no tienen ni una cosa ni la otra. Justo lo contrario de lo que cabría esperar de una sociedad que pretende ser moderna y desarrollada.

Lo que me llama la atención es que mientras la crisis segmenta a unos, también descoloca a otros hasta ponerlos en situaciones comprometidas. Menudo papelón el de los sindicatos, por ejemplo. No es fácil compatibilizar los intereses de los que mantienen un trabajo con los de quienes lo buscan. ¿Hay que promover la solidaridad a costa de incrementos salariales? O por el contrario, ¿hay que defender los intereses de los que trabajan aún a costa de hacer más difíciles las contrataciones? ¿Son compatibles ambas cosas?

Los patronos viven algo similar. Ellos que siempre quisieron ver al Estado lo más lejos posible, hoy hacen cola a sus puertas para pedir ayudas o reclamar su intercesión ante la banca para conseguir los fondos que ésta les niega. ¿Qué dirán cuando la borrasca (o el ciclón) haya pasado? ¿Cómo defenderán entonces que lo bueno es mantenerse al margen y dejarles las manos libres?

Los partidos de derechas apuestan por el intervencionismo mientras los de izquierdas dan mimos a los agentes económicos y promueven una tolerancia que desde luego no aparecía en sus programas electorales. Un verdadero lío. Mientras unos se quedan en el paro, otros se quedan descolocados.

Pero lo que se hace insufrible es comprobar que en medio de la marabunta no faltan los listillos de turno sacando tajada de su poder o de su influencia por cercanía al que lo tiene. Ellos nunca están parados y mucho menos descolocados.

Mi padre -con pocos estudios pero bastante más sabio que muchos- los llamaba directamente "trincones". En un ejercicio de benevolencia se puede disculpar casi todo. Pero digo bien: "casi" todo. Muchas actitudes se pueden justificar por los nervios y la incertidumbre del momento, pero quien en una situación así sólo se pone nervioso por no poder "trincar", sencillamente es un delincuente que a su ya pobre condición de ratero añade la de no tener sentimientos.

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