Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Parsimonia

PARECE una metáfora de la parsimonia: el Consejo General del Poder Judicial ha decidido archivar el expediente contra el magistrado de la Audiencia Provincial de Sevilla Javier González que tardó 30 meses en redactar una de las sentencias sobre el supuesto asesino de Mari Luz porque ¡ya ha prescrito! Dicho de otro modo, la hipotética falta por pasividad del magistrado quedará impune porque el órgano que tiene atribuida la inspección de los juzgados (a medias con el TSJA) ha tardado aún más en detectar el desacierto. Algo así como un mano a mano entre la indolencia y la languidez.

Se puede alegar que el CGPJ ha intervenido con extraordinaria celeridad. Es cierto, pero muchos años después, lo que no deja de ser otro y coherente anacronismo. Es verdad que los servicios de inspección del consejo o del tribunal superior no pueden controlar todos los procedimientos en marcha, pero si admitimos esta disculpa habrá que aceptar también, al menos parcialmente, la de los jueces sobre la imposibilidad de verificar el cumplimiento de todas las resoluciones que firman. De hecho, el CGPJ ha anunciado su disposición a modificar los criterios de inspección a partir de este terrible desaguisado.

En cambio, la comisión disciplinaria sí ha expedientado por una falta muy grave de desatención al juez Rafael Tirado por no ejecutar la sentencia de cárcel contra Santiago de Valle. Ya hay, en consecuencia, una persona culpable del gravísimo descontrol, un juez que, si prospera el expediente, puede ser castigado con un traslado forzoso o incluso con la separación de la carrera judicial.

Ahora bien, la contundente actuación disciplinaria contra Rafael Tirado, siendo pertinente, no enmienda los anomalías generales de funcionamiemto de la administración de justicia. Desde un punto de vista práctico, y al margen del caso de Mari Luz, a los usuarios de la justicia nos deben importar lo mismo las dilaciones arbitrarias como las motivadas por la carencia de "medios materiales y humanos", tan habitual que parece el bajo continuo o el estribillo de la presentación de cada una dde las memorias anuales del TSJA.

Hace menos de un mes supimos que un juzgado de lo Contencioso de Sevilla había señalado un juicio contra la Junta de Andalucía por un sanción de transporte para el 11 de enero ¡de 2010!, eso sí, a las 10,45 horas, no un minuto antes ni después. Eso está bien, una minutación tan precisa y reglada del retraso judicial debe transmitir una cierta tranquilidad al reclamante. Es la diferencia que hay entre el atraso de un juicio ordinario con la demora, por ejemplo, del juicio universal que esperan en balde y sin cita previa ciertas sectas apocalípticas.

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