La ciudad y los días

Carlos Colón

Pasolini y el aborto

Ahora que el escándalo de las clínicas de Madrid y Barcelona vuelve a abrir el debate sobre el aborto, tal vez sea oportuno recordar que estar a favor de la ley de plazos no es necesariamente una marca de racionalidad democrática y feminista; ni que creer suficiente el actual marco legal lo sea de conservadurismo antidemocrático, clerical y machista. Y también que, lejos de disminuir gracias a la información sexual, el aborto, utilizado como traumático método anticonceptivo, ha crecido en España hasta doblar su número en la última década, siendo preocupante que sobre todo lo haga entre los 15 y 19 años.

Esta cuestión no puede ser enfocada con simplificaciones que ignoren la realidad social, caso de los antiabortistas radicales, o la realidad científica, caso de los proabortistas radicales que no quieren darse por enterados de los avances de la fetología. Para recordar que no sólo se le objeta desde la derecha más reaccionaria, y que no está tan claro que su defensa sea una marca progresista, aporto al debate la palabra siempre a contracorriente de uno de los más grandes creadores y pensadores de la izquierda radical: Pier Paolo Pasolini.

El 19 y el 30 de enero de 1975 -en plena efervescencia proabortista- publicó en Il corriere della sera los artículos Estoy en contra del aborto y Réplica sobre el aborto, después recogidos en su libro Escritos corsarios. En ellos basaba su oposición -"estoy traumatizado por la legalización del aborto, porque la considero una legalización del homicidio"- en razones emocionales -"en los sueños y en el comportamiento cotidiano vivo mi vida prenatal, mi feliz inmersión en las aguas maternas: sé que allí yo ya existía"-, ideológicas -"que la vida es sagrada es obvio: es un principio más fuerte todavía que cualquier principio democrático"- y sociales: la legalización del aborto es "una gran comodidad para la mayoría" que "hará todavía más fácil el coito"; y esto es lo que conviene al poder del consumo, que ha convertido la libertad sexual en "una convención, una obligación, un deber social, un ansia social, una característica irrenunciable del tipo de vida del consumidorý Al poder del consumo no le interesa una pareja creadora de prole, sino una pareja consumidoraý Mi posición sobre este punto coincide con la de los comunistas: es necesario evitar primero el aborto y, si éste llega, es necesario hacerlo legalmente posible sólo en algunos casos responsablemente valorados; evitando por lo tanto, agrego, lanzarse a una histérica y terrorista campaña por su completa legalizacióný Aquí está de por medio la vida humana".

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