opinión

Francisco / Correal

Perdió Segovia, pero subió la Segoviana

NO sé qué tienen estos segovianos del terruño que se echan los continentes por montera. Le pasa a Alfonso Domingo lo mismo que a Andrés Sorel. Los dos de Segovia, los dos viajeros impenitentes, libertarios y, para qué ocultarlo, madridistas hasta los tuétanos.

Conocí a Alfonso en 1982. Vino de Málaga a la gestación de Diario 16 Andalucía y participó en la reunión fundacional que se celebró en un barco, dónde si no, el barco Margarita que regentaba el crítico taurino Emilio Parejo. Fue testigo de las primeras marchas jornaleras cuando el latifundio era la dimensión más cercana a esos océanos con los que después se familiarizaría. Cordial, estajanovista, lírico, siempre busca personajes al límite, ese territorio donde el mal se funde para ser reciclado en bondad, en compromiso. De esa forma noveló vidas como la de Melchor Rodríguez, el trianero conocido en la historiagrafía de la guerra civil como el Ángel Rojo y que como delegado especial de Prisiones nombrado por un ministro anarquista salvó las vidas de muchos falangistas, o la de Gálvez, el malagueño que fue virrey de México y tomó Pensicola.

Las dos Españas las descubrió cuando cruzó el Atlántico en la reedición del primer viaje de Colón, prolegómenos de la ruta Quetzal. En el barco de Miguel de la Cuadra Salcedo conoce haciendo footing a un historiador apellidado Alcalá-Zamora Queipo de Llano.

Se trajo a su casa de Triana una serpiente de su expedición a la tierra de los indios yanomamis y se sumó de insólita guisa a una de las primeras reivindicaciones de la Guardia Civil. Un tipo bueno que gana el Ateneo cuando Segovia pierde la batalla de la Capitalidad Europea pero la Segoviana ha subido a Segunda B.

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