La ventana

Luis Carlos Peris

El 'Pobre de mí', fin de la desmesura

SONABA monocorde, como en un sostenido lamento el Pobre de mí y todo tocaba a su fin. Otros sanfermines a la memoria, como un recuerdo de cómo puede el hombre dar rienda suelta a los sentidos sin vallas que cerquen el campo de los comportamientos. Hoy ya no se abre prematuramente la sala de estar para ver esa barbaridad que es el encierro. Parece mentira que no ocurran más desgracias viendo las dificultades de la manada para abrirse paso entre una turbamulta de corredores que no guardan una mínima dosis de coherencia. Todo acabó con la corrida de Miura por Estafeta rumbo al Paseo de Hemingway para que después, por Sarasate, la Taconera o la Plaza del Castillo, el Pobre de mí llenase de nostalgia toda Pamplona, una ciudad que pierde su inveterado sello de austeridad durante una semana larga en favor de la desmesura más desmesurada.

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