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rafael / sánchez Saus

¿Podemos ser orlando?

NO habrá pasado desapercibido a nadie que la masacre de Orlando no ha suscitado la campaña de solidaridad expresada en el famoso Je suis Charlie que siguió al atentado contra el satírico francés. El lema circuló también tras los brutales acontecimientos de París y Bruselas, debidos todos al terrorismo islamista, pero en este caso, si no estoy equivocado, no ha cundido esa forma incondicional de solidaridad con las víctimas. ¿Podemos preguntarnos por qué?

Las respuestas más evidentes, desechada por infame la posibilidad de que los norteamericanos no sean susceptibles de esas muestras de misericordia, deben apuntar al hecho de que haya sido la comunidad gay la atacada. ¿Quiere eso decir que los homosexuales no despiertan la solidaridad del resto de la población? No es esa mi opinión. Creo, más bien, que lo sucedido tras el atentado de Orlando tiene que ver con el afán de apropiación de las víctimas y de los efectos propagandísticos de tan brutal acción por parte del movimiento ideológico y político que desde hace tiempo se ha arrogado la universal representación del mundo homosexual. Me refiero a LGTB, cuya agenda de activismo extremista y minado de la sociedad, si bien cuenta con la complicidad y simpatía de inmensos poderes ajenos a ese mundo, no representa ni de lejos a la totalidad de unos grupos quizá aún más plurales y fluidos que el resto de la población. En su enfrentamiento fóbico e irreflexivo con lo que tan impropiamente llaman la sociedad heteropatriarcal -es decir, el resto del mundo que no vive la pauta homosexualista ni se pliega a la ideología de género- desde el movimiento LGTB se ha intentado culpabilizar de lo de Orlando no al islamismo y su indiscriminado odio por lo occidental, sino a la única sociedad que hace posible los derechos de los homosexuales y el respeto a su forma de vida. Y si somos los culpables, lo que procede no es que mostremos solidaridad sino que hagamos penitencia.

Llama la atención que en los actos de protesta y homenaje de estos días en Estados Unidos se haya producido a menudo la sustitución de la bandera del país por la del movimiento LGTB. Todos sabemos lo que su bandera significa para los americanos, y ello nos da la medida del secuestro de la causa de los derechos civiles por un lobby de reflejos cada vez más intolerantes y partidistas. Solidarios sí, pro LGTB no.

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