bICHEO POR LA TDT

Fátima Díaz

Pon un Sheldon en tu vida

Toc, toc, ¡Penny! Toc, toc, ¡Penny! Toc, toc, ¡Penny! Sheldon Lee Cooper, uno de los personajes frikis con más fans en la televisión actual, se metió en mi casa sin llamar. El excéntrico y metódico personaje sobre el que gravita la serie The Big Bang Theory, interpretado por Jim Parsons, me pareció a primera vista extravagante, insultante y exasperante. En resumen, un inadaptado social de libro. Como el resto de sus compañeros y amigos. Porque Leonard, Wolowitz y Rajesh Koothrappali no se quedan atrás. Pero, como millones de espectadores de la serie en todo el mundo, me dejé atrapar por sus discursos sin final, su sinceridad insultante y sus manías. Ni qué decir tiene que acabó conquistándome. Como a millones de espectadores. La serie, y por ende Sheldon, tienen todos los ingredientes para llevarse de calle a la audiencia. Lo que, de hecho, están haciendo. Las comparaciones, ya sé, son odiosas; pero a veces también inevitables. Tómense grandes dosis de humor inteligente y un grupo de amigos, y mézclese bien con una historia de amor repleta de idas y venidas entre dos de ellos. ¿Recuerdan Friends? Distinto marco, eso sí. Pero igual cuadro.

Podría decirse, siguiendo esta línea de argumentación, que Sheldon es la nueva Phoebe; en masculino claro, y bastante exagerada. Pero es que hay tantos precursores de Sheldon en las sitcom de nuestra época... ¿Se imaginan a Sheldon haciendo un experimento mano a mano con Steve Urkel? ¿Y a Carlton Banks (de El príncipe de Bel Air) tomando un té en casa de Leonard y Sheldon? ¿O a Barney Stinson (de Cómo conocí a vuestra madre) intentando ligar con la vecina de Leonard y Sheldon, con la mismísima Penny? Todos ellos son unos insoportables y entrañables bichos raros, unos inadaptados , unos parias. ¿Y Blossom, podría llegar a ser la novia de Sheldon? Aaaaam, no, no, que eso ya lo han pensado los guionistas de The Big Bang. ¡Zas, en toda la boca!

El encanto de Sheldon y demás precedentes no radica en que sea un experto en física teórica con dos doctorados y un master, ni en ser uno de los mayores conocedores en el mundo de la teoría de cuerdas. Ni siquiera en su dominio del klingon, ni en su fanatismo enfermizo por el Sr. Spock. Sheldon nos gusta porque hay que escarbar para encontrar a Sheldon. Como hay que escarbar para encontrar a Blossom, a Barney, a Carlton, o a Steve Urkel. Todos, por descontado, tienen un fondo amable. El algoritmo de la amistad, que nunca falla. Howard lo decía en un capítulo: "A este se le ve que es rarito hasta mirándolo por el espejo retrovisor. Entonces, ¿por qué le echamos de menos?".

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