desde el fénix

José Ramón Del Río

Pregones

RARO será el pueblo de Andalucía donde el domingo pasado, Domingo de Pasión, no haya tenido lugar un pregón de Semana Santa. Por supuesto que se dio en las ocho capitales. Todos o casi todos han sido retransmitidos por radios y televisiones y comentados en los periódicos. No puede decirse, pues, que las cofradías no tengan difusión, y esto ocurre porque esta manifestación, religiosa y cultural, es profundamente sentida por una gran mayoría de andaluces. Tengo que empezar por confesar que yo he sido pregonero. Lo fui de la Semana Santa de Cádiz, hace 35 años, y 10 después, por razones que no tengo espacio para aclarar, de un bellísimo pueblo andaluz, que conocí el día del pregón y, como no hay dos sin tres, di el tercero a una Virgen gaditana, obligado por la amistad. Pero comprendo perfectamente a los que, gustándoles la Semana Santa cofradiera, no soportan un pregón. Dicen éstos que todos son iguales o muy parecidos: una sucesión de versos o de prosa poética, llena de ripios, que se declama con voz tonante y gestos afectados, cuando no con una sensiblería próxima al llanto. Algunos de los que asisten cronometran al segundo el tiempo que el pregonero dedica a su Cristo y a su Virgen.

Es obvio que de la multitud de pregones que se dan año tras año no todos son como los criticados. Los expertos destacan el pregón de Rodríguez Buzón, a la Semana Santa de Sevilla, que, como los toreros, salió a hombros del teatro. Tuvo que ser muy bueno el de José María Peman, a la misma Semana Santa, y lo fue el de Antonio Burgos, del año 2009. De Cádiz, donde se ha constituido una asociación de pregoneros, tendría que destacar los de todos y no tengo espacio. Por ello, sólo menciono el que dio, allá por los 60, Jesús de las Cuevas, en la Escuela Náutica, impresionante por la belleza de su prosa poética y, sobre todo, porque, sin un papel delante, citó sin equivocarse las advocaciones de los cristos y vírgenes de todas las cofradías gaditanas, que no había visto nunca. Como opositor que fui, he visto memorias magníficas, pero ninguna como la del poeta de Arcos.

Yo creo que los que amamos y disfrutamos las cofradías debiéramos aprovechar el altavoz que supone un pregón, con su importante reflejo mediático, para defenderlas y explicar cuanto de bueno tienen, como ha hecho este año, en Cádiz, el pregonero. No sólo la pastoral evangelizadora que supone la presencia del paso en la calle, sino también las labores de caridad y asistencia social que prestan Y, por supuesto, reclamar del clero la atención que merecen y que no siempre reciben. O sea, que menos versos, menos lágrimas, y más pregonar lo mucho de bueno que tienen las cofradías.

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