hoja de ruta

Ignacio Martínez

Las Quemadillas

DESDE el principio de la desaparición de Ruth y José pienso en los padres octogenarios de Bretón, el presunto parricida. ¡Lo que habrá pasado por la cabeza de estas dos personas! Seguro que las mismas dudas y sospechas que todo el mundo ha tenido, pero en lucha con la férrea voluntad de salvar a su hijo. Natural. Han sido objetivo de un notable acoso por parte de vecinos de Córdoba y allegados de su antigua nuera. Los hechos son demasiado graves como para pedir templanza, pero en este ambiente sus apariciones públicas inspiran piedad. Ella siempre con la boca apretada, él con los ojos profundamente tristes detrás de sus gruesas lentes, con gorra o sombrero de paja; sin decir palabra en público, perplejos ante la situación. Desencajados, desesperados.

Antonia Gómez ha podido decir alguna vez que antes que abuela es madre. Supongo que quería decir que creía en la inocencia de su hijo, que le apoyaba, que no podía creer que fuese capaz de la monstruosidad de haber matado a sus propios niños. Es incapaz de asimilarlo. Tampoco su padre, que ha declarado entre sollozos al juez que su hijo, el presunto parricida, es un hombre bueno. ¿Qué quieren que diga? Pienso en los padres, porque si es verdad que Bretón ha cometido los crímenes de los que se le acusa, ha matado también a sus padres. Habría acabado con ellos, no sólo con sus hijos y con su mujer. Se habría llevado por delante a su hermano Rafael, a su hermana Catalina, a sus cuñados, a sus cuatro sobrinos de edades similares a las de Ruth y José.

Bartolomé Bretón es un hombre humilde del barrio de la Viñuela, en el levante de Córdoba. Imagino que fue ahorrando duro a duro para comprarse una finquita no muy lejos de allí. Imagino la ilusión de tener no sólo un medio de vida, con los naranjos y la huerta, sino un remanso para su vejez. Un refugio donde pasar tardes de primavera con su familia, en una casa que construyeron con sus propias manos. Las Quemadillas. Sea cual sea el resultado de este caso, el lugar está ya maldito. Como toda la familia de origen de este frío sociópata. Imagino la tragedia de todos ellos. No es menor que la del resto. Y encima, apestados.

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