La tribuna

Alberto Priego

¿Quo vadis, OTAN?

LA Cumbre de la OTAN de Bucarest podría ser resumida en una frase de Mariano José de Larra que permanece en el imaginario de todos los españoles: "Vuelva usted mañana". Esto fue lo que les dijeron a los mandatarios georgianos y ucranianos a los que, tras haber hecho los deberes correctamente, les han negado el regalo de fin de curso.

Sin embargo, tal y como viene siendo habitual, la estrella mediática fue el presidente francés, quien ha devuelto a Francia al lugar que merece. Su decisión de reintegrar a Francia en la estructura militar de la OTAN abandona antiguas excentricidades gaullistas al tiempo que fortalece la Alianza. Además, el presidente galo ha traído un pan debajo del brazo: el envío de un importante contingente militar a Afganistán para 2009. Sin embargo, la ausencia de Chirac tampoco se ha notado en exceso, ya que el papel de Señor No lo ha asumido perfectamente Ángela Merkel. La canciller alemana ha sido quien ha liderado la opción del veto a la integración de Georgia y Ucrania en la OTAN. Parece que las presiones ejercidas por Putin y por su acólito Medvedev han surtido su efecto. La explicación alemana es que no debe entrar ningún Estado que tenga problemas fronterizos o que se encuentre dividido.

Esta argumentación demuestra la falta de memoria de Merkel, ya que, cuando Alemania estaba dividida y ella residía en la RDA, nadie puso trabas a la entrada de la parte occidental. Lo que parece es que Merkel quiere aprovechar la oportunidad para mejorar, aún más, las relaciones con Rusia, tal y como demuestra que fuera la primera mandataria que visitó al electo nuevo presidente ruso Medvedev. El problema es que la posición alemana sirve de legitimación a la postura rusa de desestabilizar un Estado cuando éste tiene posibilidades de integrarse en la Alianza, algo que sólo ha dejado de hacer en Georgia, cuando la república caucásica estaba protegida por el paraguas de la Alianza.

El problema que se plantea a futuro no es sólo para Georgia y para Ucrania sino para la propia alianza, cuya imagen queda muy dañada, ya que por primera vez ha variado su actuación por la presión de Rusia. Los 27, al posponer la decisión de incorporación de Georgia y Ucrania, alteran el discurrir normal de las cumbres, lo que supone una victoria para Moscú, que no tiene a la OTAN por una organización amiga. Además, la OTAN sigue ciertamente dividida, ya que buena parte de los países de Europa Central y Oriental, la mal llamada "Nueva Europa", no comparten esa política de evitar el choque con Rusia.

En lo que a los nuevos miembros se refiere, la Cumbre también arrojó un balance con luces y sombras. Mientras que Croacia y Albania han sido aceptados, Macedonia no ha tenido tanta suerte. El caso de Croacia no es más que el proceso natural de normalización que está viviendo la república balcánica tras una tortuosa y accidentada independencia. Por otro lado, el caso de Albania es algo distinto, ya que su integración supone una verdadera carga de profundidad para la Alianza. Por un lado, Tirana es uno de los apoyos internacionales de Kosovo, lo que fortalece la posición internacional del nuevo y polémico Estado. Por otro lado, la entrada de Albania supone el segundo miembro musulmán dentro de la OTAN, lo que complicaría las cosas en futuras situaciones como las de vividas con la intervención en Iraq.

El caso de Macedonia es completamente distinto, ya que no ha logrado su integración en la Alianza. FYROM, como se la conoce internacionalmente, ha sufrido el veto de Grecia por utilizar una denominación que, según Atenas, le pertenece. Tras horas de negociación, las ofertas de unos y otros no cristalizaron en acuerdo. Mientras que los griegos aceptaron denominaciones como República Norte de Macedonia o Nueva Macedonia, la contraparte no cedió más allá de una intencionada República de Macedonia (Skopje). Sin embargo, parece que las partes están condenadas a entenderse y tan pronto como se pongan de acuerdo la OTAN tendrá un nuevo miembro.

Otros temas que deben ser destacados son el proyecto de instalación de un escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, la cada vez mayor implicación de Bosnia y Montenegro y la mano tendida por la Alianza a la golpeada Serbia.

Habrá que esperar al próximo diciembre para ver cómo evolucionan los casos de Georgia y Ucrania. Sin embargo, bien podría ser aplicada la famosa frase que Churchill dijo de Chamberlain, tras anunciar éste que había logrado "la paz en este siglo", en Múnich (1938): "Habéis perdido el honor. Ahora no tendremos paz ni tampoco honor".

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