La ciudad y los días

Carlos Colón

Realismo y firmeza

MARTES 22 de enero. En Alcalá de Henares un rumano quema viva a su novia de 20 años; una semana antes, en la misma localidad, una española era asesinada a puñaladas y su hijo de once años estrangulado por su pareja, un cubano con antecedentes policiales. En Palma de Mallorca es condenada una mujer ecuatoriana por torturar a su hijo de cinco años de edad bañándole con agua helada, azotándole y quemándole las manos con un cuchillo al rojo. En Sevilla es detenido un marroquí acusado intentar asesinar a su pareja golpeándola y estrangulándola con un alambre.

De las 72 mujeres mayores de 14 años asesinadas por su parejas o ex parejas en 2007, según el Observatorio de la Violencia de Género, el 61,11% eran españolas y el 38,89% extranjeras. A partir de estos datos, el Observatorio advierte sobre la abrumadora mayoría de mujeres extranjeras entre las víctimas: mientras que de cada diez mujeres mayores de 14 años nueve son españolas y una extranjera, de cada diez mujeres asesinadas seis son españolas y cuatro extranjeras. "Esto significa -concluye- que las mujeres extranjeras están sobreexpuestas un 300% más entre las víctimas de asesinato".

Hay, sin embargo, quien piensa que relacionar malos tratos e inmigración es reaccionario y xenófobo. No es así. Lo reaccionario es negar la realidad y penalizar las consecuencias sin corregir las causas. Lo que alimenta la xenofobia es no garantizar la seguridad de quienes acogen y de los acogidos. La inmigración es positiva económica, social y culturalmente a condición de que se garanticen los derechos de los inmigrantes (para lo que es necesario que su situación sea regular) y de quienes conviven con ellos, luchando contra la inmigración ilegal y desarrollando eficaces políticas de integración dirigidas tanto a los inmigrantes como a las sociedades de acogida. Porque integrar, hacer que alguien pase a formar parte de una comunidad, es una tarea con dos frentes que requiere la colaboración del individuo que se integra y de la comunidad en que lo hace).

La lucha contra la violencia doméstica exige realismo en la denuncia de las causas y firmeza al afrontarlas. Algunas de ellas tienen que ver con la inmigración incontrolada y su cohorte de marginación, incultura o arrastre de prácticas machistas; y han de ser afrontadas con firmeza para que las mujeres inmigrantes no estén un 300 por ciento más expuestas a los malos tratos que las españolas. Lo que, evidentemente, no quiere decir que este mal tenga que ver sólo con el origen o la marginación: ese mismo martes un prejubilado de banca de Orense le quemaba la cara a su compañera.

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