La tribuna

José María Moncasi De Alvear

Rumasa, 27 años después

CADA persona tiene una gran autobiografía dentro de ella si simplemente sabe entender lo que es único de su propia experiencia", pensaba uno de los personajes de una novela de Tom Wolfe. Recientemente coincidí en el AVE con un empresario en dificultades, en vigilia permanente, en el atolladero "por culpa de los poderosos", a pesar de cumplir bien sus deberes como hombre de empresa. Me citaba precisamente a Ruiz-Mateos como espejo en dónde mirarse. "El de Rumasa -que le quitaron todo, que le calumniaron y persiguieron como un lobo a su presa- ha vuelto a levantarse, creando un nuevo imperio. Es un ejemplo", concluía.

Rumasa, el holding que se expolió hoy hace veintisiete años, se llevo a cabo sin haber cobertura legal para la medida, sin razón alguna que supusiese "la desestabilización de la economía española", según le espetó el vicepresidente de aquel gobierno -en el palacio de la Moncloa- a Manuel García Pelayo, por entonces presidente del Tribunal Constitucional. La medida resultó comedidamente aplaudida por la cúpula bancaria que consideraba a Ruiz-Mateos un outsider. Hoy, en medio de la mayor crisis financiera de la historia, causada por la avaricia desmedida de gentes sin moral ni ética, no se ha expropiado a nadie. Todo lo contrario, se les ha premiado con ayudas, subvenciones; dinero público en definitiva, procedente de nuestros impuestos. ¡Qué injusta es la vida!

El holding, que contaba en 1983 con más de setecientas empresas; que daba trabajo a 65.000 personas y generaba un volumen de negocio de 350.000 millones de pesetas (de las de antes), representaba entre el 1'5% y el 2% del PIB español. ¡Casi nada! Intervinieron el holding y desmontaron una por una sus partes, tomaron el control inmediato de todas las sociedades y expropiaron directamente las acciones de cada una de ellas. Era tal el afán de enriquecerse a costa del empresario que más generaba empleo del país, que hasta se apropiaron de empresas que no pertenecían a la órbita de Rumasa, o se olvidaron de aquellas que realmente sí que les pertenecían.

Total, que como consecuencia el jurado de la Expropiación de Madrid en lugar de tramitar un solo justiprecio (valor de tasación) para todo el holding (donde se hubieran compensado beneficios con pérdidas) tuvo que tramitar todos los justiprecios como sociedades había. En definitiva, que los representantes del Estado confiados en que o no había nada que pagar o podrían compensar las cantidades positivas y negativas, no dieron in un euro (pesetas) a la familia Ruiz-Mateos ni tampoco consignaron cantidad alguna en la Caja General de Depósitos del Ministerio de Economía y Hacienda, como manda la ley. Lo que no sabían los expoliadores es que 23 años (2006) después los incombustibles Ruiz-Mateos iniciaban la primera solicitud de retasación (finca La Almoraima), algo posible según el artículo 58 de la Expropiación Forzosa de 1952.

A la espera que algún día el Estado le indemnice o se le devuelvan las empresas expoliadas, Ruiz-Mateos, que un día declaró aquello de "quiero crear una nueva Rumasa si me dejan", no se duerme en los laureles, ni se vanagloria de sus éxitos actuales. Al revés, sigue imprimiendo a la empresa -creada de la nada y desde menos cero pesetas- ritmo, carácter, disciplina, esfuerzo, imaginación. Conoce que estar ahí, en los top ten del mercado de la alimentación es difícil, para él y para el resto de empresarios que luchan día a día por sacar adelante sus empresas. Bajo el lema "comprometidos con el empleo" ha creado a estas alturas más de diez mil empleos directos, seis mil indirectos, y generado un volumen de negocio de 1.500 millones de euros. En la actualidad, se afana en ofrecer al mercado productos de calidad bajo marcas tan reconocidas como Dhul, Clesa, Trapa, Elgorriaga, Apis, Fruco o Cacaolat, así como apostar por marcas de El Caserío (cuya fábrica menorquina compró a Kraft) o la bodega Caydsa (2009) en Sanlúcar de Barrameda.

Si definiera a José María Ruiz-Mateos con una sola frase, ésta sería; un hombre sin rencor. De revanchas no quiere oír nada. Lo único que sabe hacer es trabajar, trabajar y trabajar. Tanto es así que coincide con Zapatero en dos cuestiones: la protección de los trabajadores y la política de inmigración. Tiene claro que la "crisis no la tienen que pagar los más débiles".

Es curioso, en España existe un abismo entre la opinión oficial y la real. Si no es esto cierto, no se entiende el éxito de los pagarés corporativos. Sin duda, Ruiz-Mateos, se merece "vientos favorables". Leí recientemente a Juan Cruz escribir una palabreja alemana que se utiliza en Estados Unidos: Schadenfreude (alegría por mal ajeno), una expresión que no casa con Ruiz-Mateos. El de la "abeja": no tiene envidia, ni odio, ni rencor, ni tacha o elimina, ni apela a los peores sentimientos. Al contrario; suma y no resta, multiplica y no divide; alienta; se alegra del bien ajeno. Para mí, uno de los empresarios para gestionar una crisis.

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