La ciudad y los días

Carlos Colón

Salud: no sólo máquinas y mercado

SOY partidario de lo público en cuestiones como la educación y la sanidad; y de la sana competencia entre unos servicios públicos, privados y concertados igualmente excelentes. Que el Estado imponga lo público y prohíba lo privado es lo propio de las dictaduras del llamado socialismo real que primero tiraniza, después fracasa y al final se convierte al capitalismo salvaje. Que lo privado sea la única alternativa de calidad frente a unos servicios públicos deficientes es lo propio del neoliberalismo que ignora las conquistas del Estado del Bienestar.

Viene la cosa a cuento de la desazón que desde hace tiempo me producen los anuncios radiofónicos de un negocio sanitario. Omito su nombre porque no tengo los conocimientos suficientes para formarme una opinión publicable. Y cedo la palabra a un profesional que, desde una web especializada en medicina, ofreció la suya:

"Soy médico desde hace 53 años, con titulo de Especialista desde el año 63 y un puesto hospitalario de responsabilidad desde el 75. No me considero líder en Medicina, (…) aunque creo que tengo experiencia y he tenido la suerte de estar bien considerado por mis pacientes y compañeros. Cuando un paciente entra en mi consulta, sólo al verlo puedo hacerme una leve idea de lo que puede padecer, pero no puedo ampliar esa idea hasta que le hago una historia clínica detallada y una exploración exhaustiva. Luego vendrán las pruebas diagnósticas que confirmarán o revocarán mi idea. ¿Cómo se puede dar una opinión médica sin ver al paciente? (…) ¿Cómo profesionales de prestigio pueden prestarse a este negocio? Creo que los colegios de médicos, a través de sus comisiones deontológicas, deberían tomar carta en este asunto. Personalmente creo que es una actuación incorrecta al eliminarse totalmente la relación médico-enfermo, considerar al paciente como un simple conjunto de documentos, eliminarse del paciente la parte anímica que pueda tener su dolencia, suprimirse la posibilidad que tiene el paciente de ver la cara del médico al hablarle y recibir sus explicaciones de viva voz, establecida una COMUNICACIÓN entre ambos… ¿Ésta será la Medicina del futuro? Pues me alegro de ser mayor. Tengo un nieto que quiere ser médico. Yo no quiero que sea un (nombre de la empresa) y sí un buen médico con vocación, con entrega absoluta al paciente y, si llega a la cima de la profesión, que sea haciendo valer los principios que inculcaron a su abuelo en aquel 1956 en que empezó a VER, EXAMINAR y HABLAR con los enfermos". Estoy de acuerdo con él. Tanto temo el abuso tecnológico que condujo al encarnizamiento terapéutico como el del mercadeo con la salud.

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