La campana

José / Joaquín / León

Señor de San Nicolás

SIEMPRE me resultó impactante la mirada perdida de este Nazareno de la Salud, que parece contemplar el vacío, y es ahí donde se nos clava. Señor de San Nicolás, que tiene tras de sí una historia larga y profunda, de devociones reconvertidas. Fue en otros tiempos el Nazareno de la extinguida cofradía de la Antigua y Siete Dolores. Contaban los cronistas que esta hermandad, arraigada en la collación de la Magdalena, fue una de las más ricas de Sevilla. ¿Cómo pasó de la pujanza material a la extinción espiritual? Es asunto para reflexionar. Fue como un coletazo de la decadencia del Antiguo Régimen, a la sevillana. Se perdió una cofradía de la alta sociedad de la época, mientras sobrevivieron otras de gremios o barrios populares, cada una con sus vicisitudes.

Esta imagen del Nazareno de la antigua cofradía extinguida, pasado el tiempo, fue trasladada en 1880 a San Nicolás. Allí empezó a recibir culto como Jesús de la Salud, en recuerdo del titular de la cofradía de los Gitanos, que se había ido a San Román. Los feligreses de San Nicolás, ante esa ausencia que sintieron, solicitaron otra imagen de un Nazareno que les permitiera mantener el fervor de tantos devotos. Y allí estuvo, como imagen sin cofradía, pero como centro de devociones, hasta que en 1921 se fundó La Candelaria. Es conocida la historia de la hija de José Ruiz Escamilla, Pepe el Planeta, cuya milagrosa curación fue atribuida al Señor, aunque está acreditado que sucedió después de fundarse la cofradía. La leyenda forma parte de esa historia.

Mañana, cuando presida el Vía Crucis, veremos de cerca a una de las imágenes más infravaloradas de la Semana Santa de Sevilla. Me refiero a que algunos la ven por debajo de su valor artístico real, que es grande, como corresponde a una obra atribuida a Francisco de Ocampo. Que sea diferente de lo habitual, por ser de talla completa, no la desvirtúa. Que sea de tamaño académico, algo inferior al de las tallas de vestir, no la minimiza en nada. Las imágenes sagradas nunca se han valorado por sus medidas.

Por el contrario, la devoción que ha despertado a lo largo de los siglos este Señor de San Nicolás es inconmensurable. Se extinguió su antigua cofradía, pero los tiempos le llevaron a otra, que aún no ha cumplido el siglo. Los caminos de aquel Nazareno se quedaron en San Nicolás para que desde allí nos diera salud con su mirada de amor.

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