La ciudad y los días

Carlos Colón

Esto es Sevilla, amigo

SI en cualquier ciudad despierta, no dormida, y bien gobernada, no mal tratada, se cortara una calle, convendrán conmigo en que el tráfico se desviaría siguiendo un plan establecido que originara las mínimas molestias a los ciudadanos. Si en esa ciudad cualquiera despierta y bien gobernada, en vez de dormida y mal tratada, dicho corte afectara a una línea de autobús, estoy convencido de que la autoridad responsable procuraría que no quedara desatendida ninguna parada. En el caso de que ello no fuera posible, y alguna quedara fuera de uso, estoy seguro de que en ella se pondría un cartelito avisándolo e indicando la parada más próxima a la que los usuarios deben dirigirse; y hasta estaría dispuesto a jurar que en ese cartelito se incluiría una disculpa por las molestias causadas.

Pero como Sevilla es una ciudad dormida y mal tratada, aquí esto no pasa. Si una vía se corta, como ayer sucedió con uno de los pasos subterráneos de la avenida Américo Vespucio en la Cartuja, en la parada afectada no se pone ningún cartelito; y se deja que los usuarios del transporte público -que nuestras superecológicas autoridades recomiendan- languidezcan en una parada fantasma a la que no llegará ningún autobús. Bastaba un breve rodeo para sortear el corte y volver a la avenida, como hacían los vehículos privados y los taxis que pasaban alegremente ante la parada alimentando la falsa esperanza de que el autobús llegaría. Pero los autobuses, quién sabe por qué, no lo hacían: tomaban una paralela y saltaban directamente a la siguiente parada. Sí sabemos, en cambio, por qué no se había puesto un cartelito avisando que la parada estaba fuera de servicio: es uno de tantos detalles en los que se evidencia el desprecio con el que los sevillanos son tratados por su Ayuntamiento.

Al corresponder la parada afectada a mi Facultad, que es la de Comunicación, y estar en época de exámenes, se puede usted imaginar el alto número de afectados por la chapuza. Pasado un buen rato de espera las víctimas se iban andando a la parada de la Facultad de Ingenieros, a la que llegaba el autobús a través de una de las paralelas de Américo Vespucio. Si pasan ustedes hoy por la parada de la Facultad de Comunicación y ven unos esqueletos con mochilas, carteras y carpetas no crean que es una "instalación" del cercano Centro Andaluz de Arte Contemporáneo: son alumnos y profesores despistados que nunca se enteraron, porque nadie se lo dijo, de que el autobús no llegaba a esa parada.

Esto es Sevilla, amigo (léase con tono de Lee Van Cleef haciendo de Sartana en un spaghetti western).

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