La Noria

Carlos Mármol

Sevilla: el escenario inquietante

El inminente recorte de las inversiones estatales y autonómicas sitúa a Sevilla en una complicada coyuntura de parálisis económica, índice de paro creciente y quiebra del proyecto metropolitano a unos meses de las municipales

DECÍA Baroja, el escritor vasco, el ogro malo de Itzea, recluido por temporadas más o menos largas en el viejo caserón que su familia todavía conserva en la Vera del Bidasoa, a un paso de la frontera con Francia, que la desgracia tiene al menos una cosa buena: hace discurrir mucho más a aquel que la sufre. Probablemente por el afán de poder dejarla algún día atrás. Quizás el consejo pueda servir de consuelo a los sevillanos que, además de maldecir estos días el calor patrio, hayan caído en la cuenta de la proliferación de malas noticias que, como estaciones de un improvisado vía crucis, se han sucedido en los últimos tiempos en relación al presente inmediato de la ciudad.

No se trata de la célebre profecía meteorológica que nos anuncia un futuro desértico, sin agua y, sólo si somos capaces de reinventarnos, similar al de la urbe norteamericana de Tucson (Arizona). Hablamos de asuntos más próximos y sustantivos. Cuestiones de hacienda. Dinero. Recursos. Ha querido el azar que en el breve lapsus de un mes la ciudad reciba dos fatídicas nuevas. La primera ha sido el recorte de las inversiones del ministerio de Fomento, cuyo impacto todavía está por concretar, pero que demorará en casi un lustro las obras de los tramos en ejecución de la SE-40 -la ronda de circunvalación que llevamos más y una década esperando- y dejará en suspenso todo el arco noroeste de su trazado.

La segunda, casi una réplica de la anterior, como sucede con los temblores de tierra, ha llegado esta misma semana. La Junta de Andalucía, en consonancia con la menguada salud de las arcas públicas estatales, ha decidido aplicar su propio plan de ajuste en infraestructuras poniendo en crisis hasta un total de nueve proyectos claves para el desarrollo del área metropolitana de Sevilla. Asuntos que venían demandándose desde hace al menos media década y que ahora serán víctimas de las órdenes de contención del gasto que, como resultado de la errática política del Gobierno, están aplicando en cadena todas las administraciones públicas. Desde Madrid al resto del país.

En esta lotería agria Sevilla ha salido especialmente malherida. Si bien es cierto que el tijeretazo estatal parecía agridulce (la SE-40 se hará tarde y será más barata; la prolongación de la línea de Cercanías del Aljarafe Norte, en cambio, se salva) en el caso de la Junta no es posible hacer una lectura amable. Por mucho que la consejera de Obras Públicas trate de atenuar el impacto de su decisión y los voceros oficiales sigan con la cantinela de la "reprogramación" (lo que a todas luces no hace más que empeorar la situación), lo cierto es que la mayor parte del ajuste que va a aplicar el Gobierno autonómico recaerá en la provincia de Sevilla. ¿Será una mera casualidad o, acaso, se trata una recurrente táctica política?

Como siempre sucede, habrá opiniones para todos los gustos. Desde la de quienes dicen que en Sevilla se recortan más iniciativas porque es el territorio más favorecida por la Junta, a la de aquellos que piensan que el sacrificio que se demanda a los sevillanos no es justo ni en términos políticos, ni demográficos ni económicos. La disyuntiva, en todo caso, tiene cierto aire bizantino. Aunque no siempre se quiera entender desde otras provincias andaluzas, los datos son evidentes: el déficit histórico de inversiones tanto del Estado como del Gobierno autonómico en la capital de Andalucía es notable. Ésta es materia antigua. Y también un conflicto recurrente. Los presupuestos públicos de los últimos años de la burbuja inmobiliaria ilustran la tendencia a la baja en las inversiones de la Junta y el Gobierno en Sevilla, inferior a la media fijada para otros territorios. De donde se infiere que si con un ciclo económico expansivo las iniciativas sevillanas tardaban mucho en arrancar, en el nuevo contexto sencillamente no podrán echar a andar.

Podemos pues hablar de un escenario real de parálisis económica. Y lo peor: con vocación de perdurar. Sin la iniciativa pública la economía sevillana ni funciona ni crea empleo. Basta analizar los datos hechos públicos esta semana: mientras en España y en Andalucía, siquiera de forma coyuntural, las cifras del paro descienden de forma leve (unas décimas) en Sevilla la tendencia es justo la contraria. El paro sigue en ascenso. Casi 200.000 personas sobreviven sin esperanzas y sin poder salir de las listas del Inem.

la afección territorial

Junto a su derivación social, el recorte de las inversiones autonómicas trae a primer plano otra cuestión. Aparentemente menos visible pero trascendente. Y posiblemente estratégica: la afección territorial que tendrá la medida. El tijeretazo es un frenazo evidente a la aspiración -inconexa, desordenada, plena de dificultades, quizás, pero fundamental- de que Sevilla y su entorno puedan articular de una vez un proyecto metropolitano suficientemente viable y sólido como para dar un salto de escala político y económico. Un sueño con muchos enemigos que, aunque en fase muy embrionaria, es la única hoja de ruta propia con la que cuenta la ciudad para transformarse y empezar a jugar en una división distinta.

La Junta, si hay que hacer honor a la verdad, nunca ha estado por la labor. Posiblemente pensando en el ejemplo barcelonés: un área metropolitana fuerte, unida y cohesionada en la sede misma del poder autonómico siempre es contemplada por el mando regional como una amenaza, en lugar de como una oportunidad. Sea por este factor, o por la miopía de los alcaldes socialistas metropolitanos, lo cierto es que la Junta no ha tenido nunca voluntad de aprobar una ley de capitalidad para Sevilla ni ha sido activa en la formulación del Plan de Ordenación Metropolitana de la Gran Sevilla. Tardó más de 25 años en aprobar un documento global. Y si finalmente lo hizo fue a la fuerza, cuando el colapso urbanístico y de movilidad de la primera corona sevillana empezaba a amenazar la supremacía política del PSOE.

La estrategia que ahora quiebran los recortes se apoyaba en tres pilares: la reorientación del sector inmobiliario hacia la VPO, una apuesta (inversora) por el transporte público y la correcta selección de iniciativas económicas que, bien ubicadas en el territorio, permitieran equilibrar las actividades metropolitanas. A esta lógica obedece la construcción de la línea 1 del Metro y su prolongación mediante plataformas de tranvía hacia Dos Hermanas, Alcalá y el Aljarafe. El sector Norte, descolgado de la táctica global, obtenía como compensación un viario de gran capacidad (el acceso Norte) capaz de soportar la unión entre San José y La Rinconada. En términos regionales, la hoja de ruta se cerraba con la unión entre Sevilla y Málaga con un AVE directo y la conexión de la estación de Santa Justa con el aeropuerto de San Pablo. Un proyecto clave para ejercer la capitalidad territorial en Andalucía occidental.

Todo esto es lo que salta ahora por los aires. Quizás de forma coyuntural, según los más optimistas (casualmente, los regidores del PSOE), o puede que definitiva, según los mejores informados, que son pesimistas. El Estado va a dejar la SE-40 a la mitad, la Junta demora los tranvías y las carreteras y abre el melón para rediseñar el AVE al aeropuerto. El Estado cierra el grifo de las ayudas a la vivienda pública. Los bancos siguen sin financiar ni a los promotores ni a los adjudicatarios de VPO. Las empresas que no cierran, despiden. El empleo continúa en un profundo pozo negro. Todo parece ir en retroceso. El CIS certificaba esta semana que los españoles piensan que los políticos son el tercer problema del país. Nadie cree en nada ni en nadie. Todo termina dando igual. El relativismo intelectual predomina. El mundo inmediato se cae. Dentro de unos meses llegan las municipales. El escenario es inquietante.

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