Las dos orillas

José Joaquín León

La Sevilla negra

UNA ciudad no sólo es lo que es, sino también lo que parece. Si nos fijamos en las noticias de Sevilla que trascienden fuera, llegaremos a la conclusión de que también hay una visión negra de Sevilla, no de ruán, sino más propia de los años del hambre, del tiempo de los crímenes horrendos, de la posguerra, que de nuestros días. El crimen de Marta del Castillo, presuntamente cometido y encubierto por algunos de sus amigos, es el asesinato más repugnante del que hemos tenido noticia en España en los últimos años. Y sucedió aquí, por casualidad o no.

La crónica de sucesos locales se ha ennegrecido con varios hechos lamentables: la fuga del Rafi y un colega marroquí de la prisión de Sevilla-1, casi a la misma vez que triunfaba la película Celda 211, basada en la novela de Paco Pérez Gandul, que por cierto no es un periodista de sucesos, sino un crack de la información deportiva, más de tintes blancos que negros. También ocurrió otra desgracia indigna de estos tiempos, como fue el incendio de un asilo en el que murieron siete personas. Y esta semana, otra noticia de las que parecen increíbles: el desahucio de Joaquín Ortega y Josefa Rueda, el matrimonio de ancianos al que su propio hijo echa de casa en el barrio de la Macarena, con esas fotos del dormitorio en el que tenían al Señor del Gran Poder sobre su cama, y esas declaraciones patéticas en que la madre afirmaba: "Ojalá Dios nos acogiera esta noche".

Este caso es tan inhumano que tiene todos los requisitos para favorecer el morbo del bienpensante, de manera que estamos en los días de hacernos cruces, en vez de haberlo evitado. Pero aún más inhumano ha sido el caso de los abusos a niñas en Los Pajaritos por parte de sus padres, que las intercambiaban con el consentimiento de sus madres. Aunque son casos excepcionales, pues no es lo habitual en esta ciudad, lógicamente, hay que preguntar: ¿en qué Sevilla vivimos?

Quizá sea que Sevilla es la tierra de María Santísima, pero los demonios tienen mucha mano, como advirtió Santa Teresa hace tiempo. Se le puede echar la culpa de estas cosas a los niveles educativos, o incluso al alcalde Monteseirín, que es muy socorrido, ya puestos; pero creo que el mal es más profundo y procede de los cimientos morales, no de la sociedad en general, sino de cierta sociedad impresentable que también existe.

A este paso estamos como en los tiempos de El Caso. Se decía que en el franquismo sólo se publicaban noticias de sucesos. Era un tiempo de tragedias y de inundaciones. ¿Inundaciones? No, gracias. También han vuelto a Sevilla y sus cercanías, a pesar de la Corta de la Cartuja, después de un porrón de años. Será otra casualidad, o será que hemos regresado al túnel del tiempo.

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