fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

Sevilla, techo de cristal

HACE años que se utiliza la expresión "tiene un techo de cristal", para referirse a situaciones de personas o colectivos que no mejoran sin una causa aparente. Es la traducción de un término anglosajón, the glass ceiling, que denomina un fenómeno que aparentemente no tiene causas claras, pero cuyo resultado es cuantificable, evidente y real. Para las Ciencias Sociales el "techo de cristal" es un muro invisible pero infranqueable, de procedimientos, estructuras, relaciones de poder, creencias, etcétera, que dificulta el despliegue de potencialidades.

Creo que este análisis puede ser aplicado a nuestra ciudad. Parece que Sevilla tuviera un "techo de cristal", que no la dejara crecer, mejorar, explotar sus posibilidades. Algunos podrán pensar que son los entramados de tradiciones, ciertos estereotipos en la manera de ejercer el poder en las instituciones locales tanto públicas como privadas, el predominio de sentimientos afectivos sobre la racionalidad y una fuerte auto limitación. Puede ser todo eso y nada de eso, pero percibo que cuando la ciudad está a punto de romper los niveles alcanzados en alguna actividad, ese techo de cristal actúa a modo de barrera que no nos deja subir.

Un análisis con cierta objetividad, para poder detectar ese límite que no deja que Sevilla evolucione como ciudad, son las infraestructuras. En el recuerdo de los mayores está el frustrado y nunca realizado Canal Sevilla a Bonanza, proyectado para permitir la llegada a Sevilla de buques de gran tonelaje. Las obras comenzaron en 1961. Se hicieron dos kilómetros y ahí quedó. Ahora tenemos pendiente el dragado del río, completar la circunvalación SE-40, terminar el sistema de Metro con todas sus líneas, los puentes y pasarelas sobre el río previsto por el Plan de Ordenación aprobado en 2006, el plan de aparcamientos. Han pasado ya veinte años, si veinte, desde la Expo y el AVE. Parece que ya todo quedó hecho. Nada más lejos de la realidad. Los terrenos de Tablada siguen sin ordenación. La nómina de edificios singulares vacantes y sin futuro conocido sigue aumentando. El Museo de Bellas Artes no se amplía, el previsto Caixa Forum en las Atarazanas ya veremos, etcétera.Una luz en todo esto es el nuevo Palacio de Congresos, pero con sombras. ¿Cómo se va desde Fibes al aeropuerto, o del aeropuerto a Fibes, en transporte público? ¿Y de Fibes a la Puerta de Jerez? Hace unos días fui a la Estación de Autobuses del Prado, a ver de nuevo el edificio y los murales de Juan Miguel. Pasé por delante de la parada del autobús del aeropuerto, que está cerca. La antigua parada del Cristina, cuando las oficinas de Iberia estaban allí, era más confortable. Sevilla, ciudad del turismo. No sé cuando van a volver los que estaban esperando de pie, con su maleta, a que llegara el autobús. Y no eran pocos. ¿Para cuándo un tren de cercanías o línea de Metro al aeropuerto? Por ahora, sin fecha. El mundo globalizado corre, mientras nosotros caminamos y en casos retrocedemos. Sevilla capital de Andalucía, la California de Europa. ¡Venga ya...!

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