Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

Solitario

ANTENA 3 ha acumulado varios encargos de miniseries, o más bien tv-movies ligeramente estiradas, con los que quiere vestir su prime time de impactos periódicos, con su buena dosis de oportunismo. Experimentan con productos efectivos, que no sufran la esclavitud de prolongarse como ficción, y gocen de la exclusividad, de lo inédito, que ha perdido por completo el cine desde que cualquier título se puede descargar en casa incluso casi antes de su estreno. Las tv-movies estaban ahí desde hacía décadas (como por ejemplo con el clásico nombre de TVE, Estrenos TV), pero el género se devaluó para buena parte del público por centrarse en los "casos reales", convulsos y lacrimógenos, importados de Estados Unidos, Italia o Francia.

Soy el Solitario, que relevaba al éxito cinematográfico de Los Borgia, es la primera apuesta reciente de Antena 3 por las instant-movies, convertir en docudrama de calidad personajes o episodios que han causado conmoción en la opinión pública e incluso han dejado cicatrices latentes, como El Solitario. Esta alimaña, que ha creído convertirse en un Curro Jiménez en todoterreno, daba carnaza para convertirlo en un antihéroe. A falta de ver la conclusión que se emitía anoche, la historia parece centrarse en la investigación policial, en el pulso psicológico entre el glacial psicópata y los agentes. No es por tanto una película de tiros o una road movie a la española, como tal vez esperaban algunos, sino la historia de una detenida persecución. Con muchos planos pero tal vez escasa de ritmo suficiente, las secuencias de acción son de lo más logrado, con el andamio que aportan actores como Emilio Gutiérrez Caba. Con razón la Guardia Civil brindó ayuda generosa, lo que llegó a suscitar críticas semisindicales. Soy El Solitario no pasará a la historia, pero abre camino para un género emergente en España.

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