hoja de ruta

Ignacio Martínez

Sonrisas heladas

ESTOY entre quienes piensan que a veces los asesores de imagen desgracian a sus clientes políticos. Quizá también a los empresariales o del espectáculo, pero de eso tenemos menos noticia. Incluyo entre los asesores de este género a los periodistas. Los periodistas valemos para cualquier tarea. No tenemos más remedio: sólo uno de cada diez titulados en las facultades de comunicación de España consigue un contrato y no necesariamente en los medios. Así, hay periodistas de jefes de gabinete de consejeros de la Junta, como en Turismo y Economía; que se sepa, a plena satisfacción de sus jefes.

Valemos para un roto y un descosido. Aunque los comisarios europeos en mi época de Bruselas no solían tener como portavoces a periodistas, sino a funcionarios con profundo conocimiento de las normas y bastante mano izquierda. Para los políticos tener un periodista en su equipo tiene un doble peligro. Por deformación profesional intentará enterarse de todo y después ¡querrá contarlo!

Pero este artículo versaba sobre los asesores de imagen. Alguien le recomendó al ministro Montoro que sonriera tras su primera reunión con los consejeros de Economía de las diecisiete regiones. Y el hombre se partía de la risa durante su actuación en la rueda de prensa posterior. Tanto que una colega le llegó a decir que lo veía eufórico. Quizá el asesor de turno dijo que no era conveniente la imagen de funeral de los cuatro ministros cuando anunciaron la subida de impuestos a final de año.

Lo mismo debe haberle dicho su asesor particular a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que estuvo en la foto de funeral de los cuatro. Así que ella sonreía sin parar cuando se reunió el otro día con patronal y sindicatos. Era como una sonrisa helada. Por cierto, que los jefes de la patronal, Rosell y Terceiro, también sonreían en justa correspondencia. Por el contrario, los de los sindicatos mostraban un semblante hosco. Tan hosco, que estaba más allá del dolor de funeral, cerca de una griega indignación. Inasequible al ademán de los sindicalistas, la ministra seguía sonriendo cuando era reclamada a diestra y siniestra por los gráficos.

La sonrisa a veces es espontánea. Al presidente Rajoy, sin ir más lejos, le salieron del alma dos sonrisas como dos soles en el Consejo Europeo de Bruselas hace 16 días cuando soltó que iba a hacer una reforma laboral que le iba a costar una huelga y que ahora viene lo más duro por la complicada herencia de un déficit del 8%. A esto se le llama poner al mal tiempo buena cara. Un deporte que no practica el ministro De Guindos, más prosaico que su jefe. El titular de Economía explicó lo agresiva que iba a ser la reforma laboral al comisario Rehn con cara de palo, la misma de su interlocutor. Se supone que era una frase robada, que no pasó por el tamiz de los asesores que todo lo cocinan. En ocasiones para desgraciar a su cliente.

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