La ciudad y los días

Carlos Colón

Tal como Sorolla nos vio

AYER por la mañana bajé de Imperial a San Esteban y atravesé la judería de San Bartolomé hasta desembocar, por Archeros, en Santa María la Blanca. Tapias rematadas por enredaderas, estrecheces, geranios, violentos juegos de luces y sombras, ábsides mudéjares, olor a guisos, truncadas torres neoclásicas, frescor que se agradecía en el primer día en que el sol, por fin, se dejaba caer sobre Sevilla invitando a la media luz de las persianas echadas. Entré en la panadería Las Doncellas y sonaba Sevilla de Albéniz. Es cierto, aunque parezca un recurso literario para ponerle banda sonora a esa Sevilla de contraluces, calores, enredaderas y callejas: quien tenga la suerte de conocer y gustar Las Doncellas sabe que allí se funden el olor a pan y la música clásica. No había duda: estaba en Sevilla. No la única Sevilla, no toda Sevilla, pero sí eso a lo que aludimos cuando decimos Sevilla y, sobre todo, eso que echamos de menos cuando estamos lejos de ella.

Albéniz compuso la Suite Iberia entre 1905 y 1908. Sorolla pintó los cuadros para la Hispanic Society que desde hoy se exponen en el Museo de Bellas Artes entre 1912 y 1919. Los dedicados a Sevilla -Los nazarenos, Los toreros y El baile- los pintó en 1914 y 1915. Invención de España: el nacionalismo musical. Invención de Sevilla: el costumbrismo y el regionalismo. En ambos casos se trata de crear desde España en apertura a las corrientes contemporáneas: Albéniz como puente tendido entre la herencia el nacionalismo musical que aprendió de Liszt, el ideal de crear una música genuinamente española que le inspiró Felipe Pedrell y la influencia francesa de la Schola Cantorum, Dukas o Fauré que le aproximaría al impresionismo musical; Sorolla, tras sus estancias en París, como un impresionista tardío.

Ambos dijeron lo español con nuevas maneras artísticas que crearon también nuevas formas de interpretarlo y difundirlo. Su inmenso éxito fuera de España consagró esta nueva imagen moderna e impresionista -teñida de costumbrismo- de lo español. De ahí que el hispanista norteamericano Milton Huntington encargara a Sorolla, para decorar una de las salas de la Hispanic Society de Nueva York, estos catorce cuadros de gran formato que gracias a Bancaja han salido por vez primera de su emplazamiento original y, desde hoy hasta el 29 de junio, pueden disfrutarse en el Museo de Bellas Artes. Hay en ellos tanta luminosa verdad de Sevilla y de Andalucía como la que disfruté ayer oyendo a Albéniz en una panadería de Santa María la Blanca, tras pasear por las impresionistas luces y sombras de San Bartolomé.

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