EL ministro de Fomento, José Blanco, dejó caer ayer la posibilidad -más cierta que hipotética, a tenor del contexto económico- de elevar determinados "tipos impositivos" para poder garantizar la permanencia de las políticas sociales y la inversión pública. Horas después, el titular de la cartera de inversión más importante del Ejecutivo matizaba estas palabras asegurando que dicho comentario -hecho en una entrevista radiofónica- era "una reflexión personal", con lo que trataba de no dar pábulo a la sensación inicial y, probablemente, cierta: el Gobierno de Zapatero tiene en su agenda política una subida directa de la presión tributaria. Blanco planteó esta opción apenas un día después de que Zapatero anunciase su deseo de ampliar el subsidio de 420 euros a todos los parados que lo necesiten. Una posibilidad que el mismo Gobierno, paradójicamente, descartó frente a los agentes sociales antes de aprobar, hace sólo una semana, el decreto que regula la extensión de la cobertura de paro en determinados supuestos. El debate está servido. La "reflexión" de Blanco parte de una obviedad: los recursos del Estado no son ilimitados. Otra cuestión es cómo se administren. Y en este punto es donde nace la controversia. El planteamiento del ministro consiste en "apretar el cinturón a quienes tienen más recursos" para "ayudar a los que más lo necesitan". El Gobierno ya decidió en junio subir los impuestos indirectos (carburantes y tabaco) para hacer caja, por igual, en un escenario de fuerte incremento del déficit público. Su primera propuesta de subida tributaria a las rentas más altas, acordada con IU-ICV en un contexto de minoría parlamentaria, sólo duró seis horas antes de quedar abortada. El problema se dejó abierto y se optó por dar avisos: la supresión de la desgravación que ayuda a la compra de la vivienda y algunos planteamientos sobre una hipotética subida del IVA. Es evidente que este asunto condicionará la vida política a la vuelta del verano. De hecho, el BCE ha alertado a los gobiernos cuyas economías repuntan -no es nuestro caso- que sus "estímulos" deberían ser puntuales, ante el riesgo de incumplir los límites de déficit de la UE. El problema es que incrementar los impuestos penalizará aún más el consumo, una de las escasas palancas con las que cuenta España para salir de la crisis.

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